Cuentos que se salen de la página: El citatorio real de Leonora Carrington

 

 

 

 

El amanecer es la hora en la que nada respira, la hora del silencio: todo está quieto, sólo se mueve la luz.

Leo a Leonora Carrington a esa hora en la que nada respira. Hay cuentos que no se quedan quietos en la página; se desdoblan, se salen del papel y se te meten en el cuerpo. El citatorio real es una historia  capaz de desdoblarse y salirse del libro mismo para internarse en quien le ha leído.

Habitarlos es oscilar entre la inocencia de la infancia y ese tinte macabro de la fantasía que no necesita adornos para asustar. Leonora describe lo cotidiano entremezclándose con el surrealismo, sin añadirle más de lo necesario.

Nos encontramos frente a una niña, casi adolescente, a quien se le indica que debe matar a una reina. Un destino que me hace pensar en el de las infancias en los barrios plagados por las pandillas, que cazan miembros cada vez más jóvenes para sumarlos a sus filas.

Por momentos, pareciera que estamos ante una versión alterna a Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll. La niña de Leonora también es una pequeña que sale al encuentro de una reina que, ciertamente, ha perdido la cabeza y, además, ha osado a perder una partida de damas.

La encargada de impartir este castigo será una niña, pues los adultos no tienen el valor de cometer el crimen. En cambio, ella sí es capaz de cumplir con esta misión y taraear una canción infantil al mismo tiempo. A veces, el horror avanza sigiloso; prefiere cantar bajito mientras llega el amanecer.


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