Una despedida para Glen Hansard
Escuchamos música durante todo el día: en un elevador, cuando practicamos la rutina del gimnasio, al desplazarnos en el auto… Pero, ¿Realmente nos percatamos de lo que estamos escuchando?
George Steiner, en Necesidad de la música, reflexiona sobre la pérdida de la atención en la música y nos recuerda la importancia de regresar a ella como una experiencia: sentarte y dedicarte realmente a escuchar. ¿En qué momento una canción se vuelve ruido de fondo, una playlist para planchar o lavar los trastes?
Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Confieso que yo también profano la música académica concebida para escucharla en un portentoso teatro y la utilizo como catalizador de atención en mis horas más ocupadas.
Pero de vez en cuando surgen algunos artistas que te atraen como canto de sirena. Su música demanda atención plena porque está hecha para ser una experiencia. Eso me pasó la primera vez que escuché la voz rasgada de Glen aferrándose al aquí y ahora. Y sí, así de confianzuda, porque cuando llegas a escuchar a un artista por tanto tiempo y en tus momentos más bajos, es como un testigo silencioso que ha visto tus luces y sombras.
Glen nunca lo supo, pero él y yo fuimos como amigos; más bien, confidentes en una temporada. Y de ahí viene la familiaridad: el apego nace cuando su música se convierte en parte de tu vida, en una banda sonora para los días tristes, como bien describe Bunbury.
Alguna vez Glen me prometió que el amor me encontraría de nuevo. Yo iba manejando bajo la noche, a todo volumen sonaba Bird of Sorrow y de verdad quise creerle. Pasaron algunos años después de esa epifanía y regresé al estribillo que me repetía Love Will Find You Again. Quise decirle que tenía razón y que sí: el buen amor me encontró.
Muchos lo conocimos en Once, una película dublinesa que lleva el concepto musical a otro nivel. Llegué a ella gracias a El Buki en el Amate, cuando él era nuestro Mubi y lado alternativo previo al streaming.
Las veces que vi la película me enternecí con la historia. La película va sobre dos artistas que pasan desapercibidos en la multitud hasta que uno descubre al otro y ambos se salvan. Si logras sentir esa conexión al menos una vez en la vida, tené por seguro que has vivido y valió la pena.
Ahora, con algunos años de distancia, me identifico más con la joven inmigrante checa que vende flores y toca el piano, pero que además tiene una responsabilidad como mamá. La necesidad por crear es lo que la motivó a rebuscar fichas en su apartamento para salir a medianoche en búsqueda de baterías para escuchar una canción en un discman prestado. Y así fue como contribuyó a componer una de las canciones del disco que graban durante la película.
Once te lleva por Falling Slowly cuando sientes mariposas, pasando por When Your Mind’s Made Up y la aceptación de cuando ya no hay mucho que hacer si la relación se acaba, hasta el arranque de dignidad con Leave. Esa canción es una genialidad porque va en crescendo y lo deja todo: «La verdad tiene el hábito de salirse de tu boca. Suelta mi mano, ya dijiste lo que querías, ahora vete…» y déjame sola aceptando mi realidad.

¿Se acuerdan que estaban haciendo cuando murió Michael Jackson o Selena? Yo recuerdo dónde estaba cuando super que Taylor Hawkins ya no estaba… Cuando un artista fallece deja un vacío extraño. Es raro porque no los vemos todos los días; es más, a Glen ni le logré ver en un concierto en vivo. Pero cuando te enteras de que han trascendido, el día sucumbe y sobreviene la tristeza.
Glen falleció el 17 de julio de 2026 a los 56 años en un accidente de motocicleta. Todos nos enteramos a la mañana siguiente, gracias a la viralidad de los algoritmos. De pronto, mi muro virtual empezó a llenarse de publicaciones con Glen cantando en algún concierto.
Quienes lo vieron en vivo compartieron sus recuerdos y otros contaban anécdotas. Era nuestra forma de despedirlo y tener una suerte de memorial en línea.
Ese día golpeé mi guitarra e intenté tocar el mismo rasgueo que Falling Slowly y canté con el mismo dolor que Glen en sus canciones. Porque lo suyo era la voz rasgada sosteniéndose en el aquí y ahora. No había forma de tener sus canciones como ruido de fondo.
Escribo estas líneas mientras llueve. Lo sé, soy un cliché. Hace un post les decía que tratáramos de ver una obra de arte con atención sostenida; ahora les digo eso con las canciones de Glen o con la lluvia. Solo escuchar, sin actividades paralelas. Habitar la música.
Así que hasta aquí la dejo: vamos a rasgar todas las cuerdas a la salud de Glen.
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