No tengo nada que decir. Levanto el auricular y marco tu número. Luego de siete segundos de espera, me contestas con un simple «alo», te saludo y me percato de que esta llamada fue en vano porque no hay nada que te pueda decir. Ni a ti o a el mundo.
Quizás sufro de pereza mental crónica o hay una sequia de palabras. Aunque platico de temas tontos, por dentro me arrepiento de haber levantado el auricular.
Finalmente pronunciamos las palabras de despedida y cuelgas el teléfono para continuar con tu vida, mientras yo sigo sentada en este sillón negro, sin saber qué decir.
Todo fue previamente pensado y por ende, expresado. Sonrío.
Acaricio la posibilidad de haberme quedado vacia.
Las agujas del reloj de 9.99 me indican que es hora de ir a dormir, asi que me dirijo hacia el baño para lavarme los dientes. En el camino me topo con mi mamá e intercambiamos algún saludo de buenas noches.
Ya en mi cuarto, enciendo el radio y luego la lamparita negra en la mesita de noche al lado de mi cama. Sobre la mesita también está mi cuaderno, justo como le dejé horas atrás.
La idea revolotea en mi cabeza y hasta me provoca una sonrisa. Es necesario dejar una prueba y redactar el pensamiento sobre las líneas azules del cuaderno. El lápiz termina de delinear las letras que en conjunto expresan todo y a la vez conforman 5 palabras:
No tengo nada que decir.
Tus sentimientos son expresados con un soundtrack, algunos versos memorizados y otros de tu autoría
Observas desde el otro lado de la vitrina algunos recuerdos que se asemejan a una película antigua y hasta cursi
Cuerpos sin rostro definido te atropellan mientras avanzas por la banqueta; algunos se protegen de ladrones en potencia, otros vigilan a sus víctimas y el resto simplemente camina ensimismado en sus pensamientos.
Para ellos también eres un cuerpo, un bulto más en el medio de la banqueta.
Antes de dar un último recorrido por los pasillos de Galerías Sally, ambos se acompañan mutuamente hacia el baño, pero se separan en la intersección que divide los sanitarios de hombres con los de mujeres.
La sonrisa de Sara irradia emoción y alegría por haber pasado unas horas a tu lado lejos de la oficina y sin los comentarios de oficinistas entrometidos. Su mirada se pierde en el espejo mientras se lava las manos repitiendo automáticamente los pasos que una vez le enseñara su mamá. Sueña contigo y con tus manos y con tu aroma y con cómo se sentirá al estar entre tus brazos, tus labios, tu habitación…
Esa perfecta sonrisa lograda tras años de tratamiento odontológico se desvanece ante la incertidumbre causada por sentirse objeto de burla por parte de su reflejo. Es algo muy extraño y quizá hasta una ilusión o uno de esos instantes clasificados como deja vu.
Su mecanismo de defensa actúa, le recuerda a sus párpados que es hora de parpadear y distraerla de esa extraña imagen. Además no ha cerrado la llave del agua y el preciado líquido vital está a punto de rebalsar el lavamanos.
La ilusión vuelve a ocupar su lugar y a provocarle esa perfecta sonrisa.
Las voces vuelven a atacarte al ingresar al baño, por lo que entras al primer cubículo y te sientas en el inodoro esperando que estas se callen con prontitud. Tus manos tapan tus oídos como un inútil acto de defensa y comienzas a gritarle a ese grupo de abusivos inquilinos.
En un segundo de lucidez recuerdas que estas en un lugar público y que pueden venir unos guardias a sacarte del mismo. Tal y como te ha pasado en otras ocasiones en las que las voces te gritan sin parar.
Cuentas hasta diez al mismo tiempo que respiras profundamente y tratas de recobrar la tranquilidad.
Conforme avanzas hacia el lugar donde dejaron el carro parqueado decides que la cita debe terminar porque temes volver a repetir el episodio neurótico.
Sara nota tu repentina frialdad y busca en vano contagiarte de su energía. Se despiden con un abrazo y un beso en la mejilla. A lo mejor le gusta ir despacio, piensa Sara al verte partir desde la ventana del apartamento 4b.
El balance de hoy no es positivo. Es más, me declaro en quiebra total; tanto económicamente como moralmente. La cita en Galerías Sally estuvo demasiado aburrida y conflictiva. Cuándo aprenderán a no mezclar la religión con las cursilerías, mientras conversan con una chava en una supuesta cita romántica. Al estar adentro del cine ocurrió lo peor: La lucha por abrazarte y tomarte la mano aunque no querrás.
¿Acaso las señales que envié no fueron claras? Tu me das la mano, yo la suelto. Me abrazas, me cambio de posición en la butaca. Buscas mis labios y te doy la mejilla. Detesto sonar como fresa pero… Hello?!!
No veía la hora de abandonar el lugar. Ese impulso de largarme lo más pronto posible fue lo que me llevó hacia la casa de Majo y así poder encontrar consuelo en mi amiga, para luego burlarnos del susodicho. Hasta ahí, todo bien.
Nos reímos de la cita funesta y me despedí temprano para llegar en el momento exacto y abordar la camioneta que me llevaría del Parque Colón hacia mi hogar en los suburbios guatemaltecos. Justo en ese instante tan puntual como la desgracia, la ruleta rusa nacional decidió que era mi turno de invadir mi espacio personal. Ese metro cuadrado que todos consideramos sagrado fue violentado por unos segundos, los cuales fueron suficientes para que renaciera en mi una rabia que se quedaba atorada en mi garganta. Unas cuantas lágrimas sirvieron de transporte colectivo para expresar impotencia y por qué no, miedo también.
Ya sé que no tenía que ir caminando por la doce Avenida y novena Calle. Pero entre la prisa por alcanzar la última camioneta y la paranoia, creí que si caminaba lo suficientemente rápido, me daría tiempo de llegar hasta la otra esquina sin ningún problema. Error. Mis pasos fueron coartados por uno de esos parias que se envalentonan a partir del temor colectivo.
A punta de pistola se robó mi celular y el dinero que llevaba en la billetera. Se atrevió a rodear mi cuello con su brazo derecho y contra la paré mamasita, pa asustarme todita. Vaya que no revisó el bolsillo derecho de mi pantalón y encontró un billete de cinco quetzales. De haber sido así no hubiera tenido para el pasaje de regreso. Encima le agradezco por no haberse llevado mis papeles de identificación y el resto de mi dignidad.
El colmo es que yo no era la única persona que caminaba por esa cuadra, sino que a mi alrededor había más peatones e incluso testigos en locales comerciales. Pero ninguno se inmutó. Esta es la tierra de nadie.
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Entre tantas nuevas emociones y la posibilidad de una reunión con Sara fuera de la oficina, la presencia de los vecinos mentales había sido olvidada casi por completo. Ellos, por su parte, no están contentos con la nueva situación que ha venido a desestabilizar su tranquilidad y con ello también sus planes han sido postergados. Pero la cita a la que tímidamente invitaste a tu pretendida fue lo que derramó la gota del vaso de la paciencia que comparte el quinteto en tu cabeza. Había que hacer algo para impedir semejante contacto con la felicidad.
Así que hurgaron los recuerdos enterrados bajo el nombre de Laura para boicotear tus planes y jugar un poquito con tu baja autoestima.
Mientras tanto tu cuentas los minutos para huir de tu trabajo y refugiarte con Sara durante las últimas horas de la tarde del Miércoles y su 2×1 promocional en la sala de cine. Ambos se reúnen a cinco calles de MicroSys, que así se llama la empresa donde trabajas, para que nadie se de cuenta de la naciente relación, que a su vez es vedada por el artículo 25.f del Reglamento Laboral. Pero el peligro de lo prohibido únicamente logra aumentar la cantidad de relaciones entre compañeros; actualmente hay diez parejas de esposos, 5 de divorciados y 15 de amantes. Ustedes podrían ser el número impar en la estadística.
No veo cómo la impuntualidad puede ser exaltada como una cualidad o puede ser aceptada como algo típico de nuestra sociedad. En otros países la autoridad del reloj es respetada a cabalidad. Ni un segundo más o un segundo menos.
Disimulas los nervios que invaden cada célula de tu organismo por medio de una conversación que está a punto de convertirse en verborrea. Tu interlocutora parece ignorar esta situación porque ella también está nerviosa.
Cuatro años han pasado desde que dejaste de frecuentar Galerías Sally, el centro comercial de moda. Ciertamente su popularidad ha crecido, pues en esta meca del comercio coinciden todas las tribus urbanas junto a enamorados y padres de familia.
Luego de haber comprado los boletos para la función vespertina, ambos esperan su turno para comprar unos poporopos y continúan platicando sobre el trabajo, la familia, la comida favorita de cada uno, entre otros tópicos clásicos de las primeras citas.
Ella sonríe mientras te relata las travesuras que cometía en el Instituto Educativo de las Monjas Benedictinas, pero tú te distraes con un vago recuerdo y, cuando es tu turno de hablar del pasado, únicamente das una biografía muy escueta y básica. Sujeto, predicado y complemento. Yo estudié en el Colegio Tecnológico en Computación Integrado con orientación comercial, secretariado bilingüe y turismo ecológico.
El destino te favorece para que no sigas la conversación porque las luces de la Sala 6 se apagan y los comerciales que castigan la piratería se entremezclan con los de salchichas y comida rápida, para luego dar pie a que inicie la proyección de The Shining.
Justamente han venido al Ciclo de Cine Clásico, en el cual se proyectarán distintos largometrajes que han marcado la pauta en el cine. En realidad es una estrategia para abrazarla y consolarla cuando Thomas busque asesinar a su familia.
El soni
do sorround envolvente que tanto ha anunciado CineManía carece del suficiente volumen para acallar las burlas de los vecinos mentales. Al principio crees que el bullicio está formado por las conversaciones de las personas que están sentadas a tu lado, pero luego notas que todos están absortos en la película. Los asistentes observan una de las escenas cruciales, en la que Jack blandea su hacha por toda la habitación en búsqueda de su esposa Wendy.
Este es el momento exacto en el que podrías abrazarla y decirle que todo estará bien… Pero tu atención está en otro lugar.
“Mirala, está teniendo el peor momento de su vida”
“De seguro está aquí en contra de su voluntad y sólo lo hace para ganar una apuesta”
“JAJAJAJA. Claro, quién querría salir contigo Javier. ¿Acaso no recuerdas? Al principio Laura parecía estar completamente enamorada de ti pero en realidad no sentía nada”.
“Sí. Te abandonó. Te cambió por algo mejor”
“No pudiste hacerla feliz en ningún momento. Tampoco podrás hacer feliz a Sara… SARA, qué nombre tan repugnante”.
Te excusas y sales corriendo al baño mientras Jack persigue a su hijo Danny
alrededor de un laberinto sin salida.
Sacudes tu cabeza y crees que el lavarte la cara hará que todo desaparezca o que por lo menos, tus pensamientos serán refrescados. Observas tu reflejo en uno de los espejos del baño. Hay una sensación nueva. Te incomoda ver como tu clon repite fielmente cada gesto que haces. Quisieras que esa no fuera una copia tan real de tu existencia. Algo cambió pero no sabes con certeza qué es lo que sucede. Huyes también del baño y te apresuras a regresar con Sara y ver los últimos instantes del Resplandor.
Tu ausencia pasó desapercibida, pues Sara estaba tan entretenida con la película que no notó tu salida, por lo que ahora platica contigo acerca de las escenas que te perdiste. Únicamente le sigues la corriente y asientes cuando debes hacerlo.
El siguiente punto en la agenda es la cena. Qué mejor lugar para escoger un bocadillo que el Food Court que ocupa todo el tercer nivel del comercial. Es una réplica exacta de cientos de miles de Food Courts en cientos de miles de centros comerciales adonde llegan cientos de miles de personas. Lo único que cambia es la moneda con la que se realizan las transacciones y uno que otro local con comida típica de cada nación. Por lo demás, son las mismas cadenas corporativas de comida rápida las que ofrecen por tan sólo unos centavos más sus combos súper agrandados.
Sara escoge una ensalada y tú ordenas un Menú de Tacos Americanos con queso y papas fritas grandes.
A la vez que bebe los últimos sorbos del jugo de naranja, te cuenta cómo dedica su tiempo libre a las actividades relacionadas con salvar los recursos naturales y actualizar tanto su blog personal como el del Colectivo Madre Natura. Pero todo ello es ad honorem y necesita pagar las cuentas con su trabajo diario como Gerente de Telemercadeo.
Aborrece las actitudes consumistas, que son características de los rebaños sociales que habitan en cada rincón del mundo globalizado. Es por ello que ahora no le gusta su nombre, pues es el homónimo de una cadena de Boutiques originaria de España y que ahora ha venido a instalarse en Guatemala. La única diferencia es que uno inicia con Z y otro con S, pero no quiere usar su segundo nombre porque le recuerda a su abuela y ella no solía consentir a sus nietas. La abuela Antonieta era demasiado estricta con sus nietas y nunca aprobó la personalidad de Sara, por lo que formó un frente unido con los padres de Sara para convencerla de no estudiar Biología y abandonar su inclinación revolucionaria. Ella se molestó, hizo berrinches, insultó a sus progenitores, se escapó con su novio de aquella época y creyó que nunca más los volvería a ver. Cuando se les acabó el dinero y su novio no mostraba intenciones de trabajar, decidió retornar cual hija pródiga y hacerle creer a su familia que respetaría el plan. Al graduarse Magna Cum Laude como Licenciada en Administración de Empresas, empacó su ropa en un discreto bolsón y partió rumbo a la capital con la determinación de trabajar e involucrarse en obras sociales y salvar al mundo de todas las calamidades modernas.
Conforme pasaron los meses, el Plan de salvar al mundo se fue aplazando y el idealismo finalmente cedió ante la cruda realidad. Sin embargo, encontró en el Colectivo Madre Natura la posibilidad de retomar su meta de una manera modesta pero fructífera. Han salvado algunos delfines, cincuenta perros callejeros, dos hectáreas de bosque municipal y la semana pasada entregaron un Proyecto de Ley en el Congreso de la República.
Hay algo de masoquista en el hecho de madrugar y subirte al automóvil para reunirte con otros cientos de carros que invadieron la autopista en las primeras horas del lunes. Todos tomaron las mismas precauciones y atajos iguales para luego contagiarse con la desesperación exacerbada por las bocinas de aquellos que se levantaron 15 minutos más temprano. Ni modo. “Hácele huevos mano”.
Sintonizas varias emisoras en búsqueda de aquella que se salga de la rutina noticiosa-musical. Sin resultados. Todas anuncian los mismos detergentes, compañías telefónicas, promociones, canciones y una que otra intervención de los locutores de turno.
Extrañas tu antiguo radio, el cual ahora podría estar instalado en cualquier automóvil del país, odias a los hijos de puta que violentaron tu carro y te resignas al aparato que tu bolsillo pudo costear. Oprimes con desidia el botón ¨On/Off¨ del walkman. Por medio del espejo retrovisor observas que los carros detrás de ti son incontables. Hasta el infinito y más allá.
Llegaste diez minutos tarde a la oficina pero afortunadamente nadie lo notó y tu fama de oficinista puntual continúa intachable. El escritorio sostiene una pila de hojas con instrucciones para reparar algunas fallas en las computadoras de la red. Un largo suspiro antecede al inicio de tus labores.
La revisión del sistema será finalizada cuando regreses de tu hora de almuerzo. La comida de la cafetería de la empresa es fea pero este es el único lugar decente que no demanda mayor esfuerzo. El resto de comedores quedan muy lejos, son más caros y el aseo de sus instalaciones deja mucho que desear.
Hace cuatro años, durante los primeros días laborales, trataste de ser parte de cualquiera de los distintos grupos de amigos-compañeros de trabajo, pero el intento fue abortado luego de algunas semanas.
Es así como desde hace mil cuatrocientos sesenta días finges leer los periódicos mientras almuerzas, pero lo que en realidad haces es buscar en cada página algún indicio que te ayude a encontrar a Laura.
Los recuerdos que reviven los momentos de amor más felices han adquirido un tono mate
Una señorita interrumpe tu soledad para preguntarte si puede ocupar el lugar libre en tu mesa. Asientes con la cabeza, al mismo tiempo que mueves el periódico que leías con interés disimulado.
Breves frases de la plática que ella inicia por su cuenta se almacenan en tu memoria:
¨Mi nombre es Sara. Vivo cerca del Sector B83… Las manzanas de la cafetería se ven sabrosas… Usted qué opina sobre…¨
Cuatro horas han pasado desde que conociste a Sara. Percibes algo que llama tu atención hacia ella. Observas cómo clasifica y guarda los papeles en tres carpetas rosadas, sale de su cubículo, se dirige al elevador y luego se pierde detrás de la puerta metálica. Tu rutina se quebró.
Regresar al apartamento fue una meta difícil de alcanzar. Conducir se tornó un acto insignificante en el que mecánicamente avanzas hacia tu destino. Poco conoces a los cinco vecinos mentales pero ellos son tu única compañía. Conversas con ellos sobre Sara pero tras algunos minutos te das cuenta que ella no les simpatiza y cambias el tema de conversación.
La monotonía diaria ha variado un poco gracias a las ocasionales visitas que Sara hace hacia tu cubículo o a la hora de almuerzo. Los periódicos han perdido protagonismo frente a los debates triviales que ella sostiene contigo mientras degustan de una pasta rancia o un estofado excesivamente salado. Las moscas que revolotean insistentemente para probar un sorbo de la limonada, que guardan los vasos de duroport, hasta suspiran enamoradas de las cursilerías que comienzas a sentir por Sara.
A veces dudas sobre la veracidad de las nuevas emociones y el súbito interés de ella sobre tu enigmática personalidad. Pero las dudas pronto son borradas por la sonrisa que furtivamente te dedica al despedirse y perderse nuevamente detrás del elevador.
Los sueños torn
asol pronto son reemplazados por la gama verde, que te recuerda a los ojos de Sara, su guardarropa y su extraña tendencia ecofriendly por salvar el mundo. El murmullo de tus vecinos mentales interrumpe tus sueños pero la voluntad por ignorarlos es más fuerte que sus insultos hacia Sara.
Ignoras que Sara esta en estos momentos luchando por conciliar el sueño. Intento que ella misma sabotea, pues prefiere perderse en el recuerdo de tu voz. La memoria ha cobrado la función de un editor de video digital, en el que las escenas mentales son rebobinadas una y otra vez para revivirlas al antojo de Sara.
Fotos: Retrovisor: Lunatikam > Green: Photobucket Hayley and Katie
Una fuerza ajena a la consciencia coloca el último ladrillo para concluir con la construcción de una imponente barrera. Por más que lo intentas, no logras interesarte por el evento que te ha sacado de la rutina diaria. Es la tercera vez que te reunes con los compañeros que conformaron la promoción XLIII del Colegio Tecnológico en Computación Integrado con orientación comercial, secretariado bilingüe y turismo ecológico.
Aunque busques un impulso adentro de tu voluntad, lo único que encontrarás será una sombra sofocándolo. No deseas sostener la máscara que aparenta satisfacción. Quisieras despejar tu mente de tantas ideas carentes de sentido, pero adentro hay tinieblas que deben esconderse para mostrar un arco iris ante el mundo.
Cuatro voces en tu cabeza susurran constantemente palabras ininteligibles que de alguna forma se volvieron familiares dentro de tu costumbre.
Es imposible confiar en el carrusel de personas que modelan frente a tí.
Hay una quinta voz. Se parece a la de Maynard James Keenan, vocalista de Tool, pero en esta ocasión tararea Outsider, una canción de A Perfect Circle. Es curioso como una canción puede reflejar la manera en que te sentís durante determinados instantes. Fotografías acompañadas del Soundtrack de tu vida.
Me gustaría escribir sobre playas bonitas, tesoros al final del arco iris o de doncellas que encuentran a su príncipe azul. Hay algo de aburrido en esos temas. El aire acaricia mi rostro, las aves cantan incesantemente al lado de una acidez que no me permite ver más allá del pobre diablo con tendencias suicidas que escucha hasta cinco voces en su mente.
Has estado con Rodrigo López desde hace quince minutos y no hay señal de que se vaya a retirar en cualquier momento o de que, al menos deje de hablar de aquellos tiempos dorados en los que probaron ese elixir etílico escondidos en el baño, o de cuando viajaron junto con Laura, Julio y Ale hacia Pana en lugar de ir a estudiar.
De tanto escuchar las mismas frases con sus respectivos saludos, ya todo te parece monótono. Observas con repugnancia cómo su boca se abre para pronunciar palabras que se vuelven extrañamente confusas al llegar a tu oído.
Tengo dormida la pierna izquierda. Tendré que sentarme de otra forma. Acabo de quitar a una especie de mariposa que se paró sobre la hoja del cuaderno. Alguien me llama. Veo el celular. Es mi mejor amiga. ¨Aló. Qué onda… Pues aquí y vos…¨
Quince minutos fueron necesarios para ponernos de acuerdo y reunirnos dentro de unas horas para acompañarla al concierto de la banda en la que su novio toca la guitarra. ¿Qué ropa voy a usar? Mmmmm. Creo que tengo un pantalón limpio pero no sé si me dará tiempo de regresar a mi casa al salir de la U, cuando finalice el último período de clases.
La bebida que sostenías adentro de tu vaso se terminó, bueno, saboreaste a propósito el último sorbo. ¡La excusa es perfecta! Le dices que tienes que ir a pedir otra bebida y que después siguen hablando. Te diriges al bar. Se presenta en tu mente la imagen del escarabajo de Kafka pero al ver tus brazos te das cuenta que todavía no has sufrido la metamorfosis.
De repente, la superioridad que sientes provoca que crezcas y los mires a todos desde arriba. Parecen hormiguitas vestidas con trajes sosos. Tal vez es tu método de defensa ante la inferioridad que sientes contigo mismo. La quinta voz continúa tarareando Outsider. “Medicated drama queen… Suicidal imbecile think about it… disconnect and self destruct one bullet at a time… everyone will have his day to die…”
El murmullo de las insulsas pláticas interrumpe tu concierto privado.
“Ala, es que no imaginas que clavo. Pueees yo me le quede viendo con cara de (la mueca sustituye a la palabra). Pueees, o sea. Me quede como que ¡¡¡A
“O sea que Mauri llamó a
Inevitable. La sonrisa que te provocaban las conversaciones se transforma en risa y ésta a su vez en carcajada. ¿Qué haces aquí?
Los demás invitados te miran asustados por la forma eufórica en que te ríes. Alguien alerta a los guardias del hotel para que te tranquilicen o que te saquen de tan honorable lugar.
Acabo de regresar del toque, aunque más bien era un mini festival que, aunque no estuvo aburrido, he ido a mejores.
Sí me dio tiempo de regresar a la casa para vestirme con el único pantalón limpio que me queday una playera que ahora formará parte de la pila de ropa sucia, que mañana visitará la lavadora.
Estoy cansada pero los dedos me pican por escribir. Tres páginas.
Hoy fue lunes. Son pocas las veces en que me siento como extranjera.
Lo extrañé. Quería hablar con él. Tras buscarlo y adivinarlo en la silueta de varios peatones, recordé que ya no vendrá nunca más a clases. La desesperación se apoderó de mí. Todos los estudiantes y catedráticos me parecieron aburridos. Hay tanto por decirle pero hoy no llegó a verme. Quizá mañana. Ahora tengo que estudiar para ganar los exámenes finales.
Regresaste enojado al apartamento. No es para menos. Te trataron como a un delincuente. Por cuarta vez prometiste no asistir a ese tipo de fiestas, aunque tu promesa es inútil porque sabes que continuarás asistiendo para encontrar a Laura en una de tantas reuniones. Revisas los mensajes de tu
contestadora. Ninguno importante. Tu mamá llamó para contarte algo acerca de una fiesta del cumpleaños de tu sobrino.
Es absurda esta parafernalia llamada vida.
Te quedaste dormido sobre el sillón. Extraño. Tus sueños eran de color tornasol.
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Las clases de italiano correspondientes al livello 7 están próximas a finalizar pero quiero compartir algunos ejercicios que me parecen divertidos y que también pueden ser aplicados cuando no sabemos qué escribir.
Con el objetivo de practicar la pronunciación el profesor nos ha dado dos ejercicios de improvisación y hasta cierto punto plagio lírico.
Aqui val el primero:
Trasformare la canzone
Vivo per lei che spesso sa essere dolce e sensuale
a volte picchia in testa ma è un pugno che non fa mai male
Vivo per lei, lo so, mi fa girare di città in città
soffrire un po’, ma almeno io vivo.
En mi grupo de trabajo habíamos una chavita de 15 años y su papá, un chavo y yo. Casi que entre las dos transformamos la canción en:
bello e uno fra mille (guapo y uno entre mil)
Canto per te quando non stai (canto para ti cuando no estas)
Accanto a me tu lo sai (A mi lado… ya tu sabes)
Canto Per te lo sai mi fa volare fra le nuvole (canto para ti, sabes? me hace volar entre las nubes)
Soportare un po´ la tua mancanza ma per questo
canto per te (soportar un poco que tu no estes y por esto yo canto para ti)
Lo sé… Podría ser un poco más cursi?
Ahora vamos con el título de mi Post… De acuerdo con l´insegnante, la Poesia costruttivista se redacta así:
- En la primer línea escribes un nombre o sustantivo a tu elección.
- Escribes dos adjetivos che lo caractericen.
- Escribes un verbo o adverbio que lo caracterice o lo complete.
- Se comienza con las palabras: «Como» «Similar a tal cosa».
- Expresas un deseo «Si tan solo».
Ecco. Con estos 5 pasos ya tienes algo parecido a esto:
il cibo e una gioia anche divino (la comida es un gozo divino)
Sublime piacere ai sensi (placer sublime para los sentidos)
Come il primo dolce di un bambino (como el primer dulce de un niño)
Se solo quel dolce fosse eterno (Si tan solo aquel dulce fuese eterno)
Aclaro, este ejercicio fue redactado antes del receso y parece que todos teníamos hambre. Pero eso no es todo, también había que adaptar una melodía. Así que entre todo el repertorio musical nos fuimos por la onda Vintage y escogimos La donna e mobile.
Pues bueno, ya les dí 5 tips para escribir bonitos posts cuando la inspiración ande de paseo. Les dejo un último ejemplo:
Ardente e profondo (Ardiente y profundo)
Consuma lentamente (Quema lentamente)
come il fuoco (Como el fuego)
Se solo quel fuoco potesse essere espento ( Si tan solo pudiera ser apagado ese fuego)
Cualquier parecido con la realidad… No es coincidencia
El calor puede tornarse exasperante durante la canícula que, según las noticias, es una condición climática normal de la temporada. Tratas de alargar lo más que se pueda la tarde del domingo porque mañana regresarás a tus labores cotidianas con esos patojos que únicamente sirven para nada.
Con decepción recuerdas que no has terminado de preparar el temario que servirá para que los estudiantes que cursan Quinto Bachillerato Comercial realicen un trabajo de investigación, que a la postre les servirá también como estudio para el examen final de la unidad.
Qué mejor aliado para estos momentos que ese universo de sitios web en el que los contenidos están a la orden de un click. Es así como en menos de 10 minutos concluyes la guía, haces un copy paste de los primeros resultados encontrados, pero sin detenerte a analizar qué era lo que le enseñarías a esos vástagos. Total, sólo trabajas como docente mientras logras ganar el EPS (EternoPrimer Semestre) y graduarte como Abogado y Notario.
Pasan los días y las guías ya fueron entregadas personalmente a todos los alumnos, quienes dejan todos sus deberes para el último momento.
La tecnología y los motores de búsqueda en Internet parecen ser muy acuciosos, por lo que uno de tus alumnos pone a prueba tu Guía de estudio y luego se ríe a carcajadas de tu torpeza.
En la tabla de contenidos que copypeisteaste, hay contenidos absurdos que escaparon al escrutinio docente y burlaron tu inteligencia.
Confiaste en una página ajena al imperio Wikipedia, con lo que según tu dificultarías la tarea de búsqueda. Este sitio es conocido por ser una «enciclopedia libre de contenido», en la que literalmente se escriben puras tonteras que, aunque no dejan de ser divertidas, no son parte del pensum escolar que un estudiante debe aprender. Fue así como la Inciclopedia, el sitio que se burla de Wikipedia, te facilitó contenidos ajenos a la realidad. Entre ellos están:
La Sagrada trinidad (sí, en Sociología también hay una)
Los paradigmas sociológicos
Teoría del «todo bien»
Esta teoría, que procede de los escritos de Weber y Durkheim, dice que básicamente en la sociedad está todo bien, todo funciona (por eso algunos la llaman «teoría funcionalista») y todos somos felices. Según este paradigma, la sociedad ha creado una serie de instituciones para su mejor organización y funcionamiento, y todas y cada una de ellas sirven para algo. Muchos estudiosos (sobre todo aquellos que tienen mucho dinero) opina que este tipo de sociología es una excelente muestra de ciencia exacta. Los críticos, por su parte, han preguntado a los defensores de esta teoría: ¿Si todo va siempre tan bien, cómo es que las sociedades cambian? Ante lo cual los funcionalistas responden: Mmmmmmm… Cosas que pasan.
Teoría del «todo mal»
Según esta teoría, heredera de los escritos de Marx, en la sociedad está todo mal, unos se encargan de joder, oprimir y explotar a los otros, y como consecuencia de ello todos estamos como el culo, nos odiamos unos a otros y tarde o temprano nos mataremos a palos (si no lo hemos hecho aún, es porque d
e momento preferimos pasar el rato en internet antes que ponernos a luchar, pero todo es cuestión de tiempo).
Escuela de Frankfurt
el bocadillo de salchicha de Frankfurt encarna la sociedad y sus instituciones. No sabemos muy bien por qué.
Las quejas no se hicieron esperar. El director general te llama a la oficina para que escuches a una mamá que ha llegado a ponerte en evidencia porque además de colocar el contenido de una enciclopedia falsa, copiaste el índice de un libro español con temas ajenos a Socioeconomía, que así se llama el curso que impartes. Aunque tratas de justificar tu error con excusas sacadas de la manga, tu coraza se ve desarticulada cuando ella empieza a leerte en voz alta la teoría del todo mal, la cual sea de paso, no existe en ningún diccionario sociológico.
«Es queeeee… Es que es una teoría que se aplica a Guatemala porque aquí todo está mal». Muy inteligente Sherlock, por supuesto que aquí todo está mal… pero eso no lo hace una teoría social reconocida en el ámbito académico. La situación empeora cuando ella te pide que le definas «El fenómeno postseculizador del religamiento», que era otro de los temas incluidos en el documento y que, por supuesto, no puedes contestarle porque ni siquiera has leido a José Pérez Adán, el autor del libro cuyo índice copiaste.
Ahora recurres al silencio como último recurso porque comprendes que ella está en lo cierto.
No hay de otra, debes torcer la muñeca y preparar otra Guía de Trabajo. Pero esta vez, te basas en un libro guatemalteco que contiene temas asociados al curso. Sin embargo, el resentimiento continúa dentro de tí, provocando que planees una venganza al estilo de las telenovelas absurdas que hacen en México.![]()
Aprovechas que K, el hijo de la mamá que interrumpió tu tranquilidad mental, no ha llegado al salón, para hablar con un alumno que parece querer ser como tu o al menos, es lo suficientemente lambiscón como para haberse ganado tu confianza. Le das las copias del nuevo trabajo y también lo aleccionas para que estas sean repartidas a todos los compañeros, con excepción de K. Tu objetivo es que cuando llegue la hora del examen, él deje la hoja en blanco y por ende, pierda el curso.
Es así como toda la clase forma un frente contra el disidente que se atrevió a denunciar la farsa que había encontrado, pues si él se llega a enterar sobre el nuevo trabajo, todos tendrán puntos menos en la materia.
Cómo pudiste haber sido tan inocente y tan poco detallista. Tus alumnos no son parte del elenco de un melodrama y en tu Teoría del Todo Mal… Algo tenía que salir mal.
K camina por uno de los pasillos del colegio y saluda a N, quien se entrega al pánico y no puede disimular que lleva las copias del nuevo temario. Luego de un discurso en el que N invita a K a madurar y a aceptar muladas como esta, lo amenaza con no «abrir el hocico» porque K es el único que no puede hacer el trabajo.
Monda y lirondamente saboreas los primeros resultados de tu venganza mientras observas el reloj y rezas porque la aguja pequeña avance de tal forma que sea la hora exaca en la que al fin puedas retirarte. La espera es interrumpida cuando la directora académica te llama a su oficina para preguntarte por qué no le diste una copia a K y te obliga a sacar una fotocopia extra.
Tus planes se vieron frustrados. Ahora lo que saboreas es el sabor de la ira ya que alguien te aplicó la Teoría del Todo Mal.
Fuente: La vida real_ Esto sucedio hace pocos días en una de las sucursales de una organización educativa caracterizada por estar presente en varios lugares de Guatemala. Como muchos que han adoptado la moda de bautizarse con dos o tres letras, presume de priorizar el uso de la tecnología, aunque pide todas las investigaciones a mano, y ofrece cursos avalados por una universidad guatemalteca. Más adelante, cuando K haya cortado cualquier nexo con la institución educativa, serán reveladas las identidades con nombre y apellido.
Fotos: Cortesía de Unciclopedia



