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Poemas y relatos

Tus ojos siguen el vuelo de un barrilete solitario que vuela desafiando al viento en medio del cielo. El intrépido juguete parece arder en llamas cuando se fusiona con el naranja intenso del sol de noviembre. En las vitrinas hay maniquies exhibiendo las diversas combinaciones de los colores de la temporada, de los cuales el morado parece ser el tono base.

Tu estas a varias cuadras del centro comercial. Permaneces adentro del carro el tiempo que sea posible, usando como pretexto para matar la ansiedad el retoque de tu maquillaje. Aunque en realidad lo que buscas es disimular ese último golpe propinado por el amor de tu vida. Ese príncipe azul capaz de detener el tiempo con tan sólo una mirada y que además podía bajarte la luna, las estrellas y el universo completo cada vez que te besaba.

Estabas tan enamorada de él que con tal de construir un futuro al lado de Julio, ignoraste a tu familia. Soñabas con ese porvenir lleno de hermosas promesas y construido sobre ilusiones de color rosa.

Conforme fue pasando el tiempo, la película se convirtió en un drama similar a los que mirabas con tu mamá en la televisión. Ambas coincidían en una cita puntual con el cafecito caliente para dejarse hipnotizar por la novela de la temporada. La trama de cada historia tenía como elemento común a las protagonistas maltratadas por el engaño y la violencia.

Nunca relacionaste a esas mujeres con tu vida. Para ti ellas eran simplemente parte de una historia más, pues tu realidad no se reflejaba en ninguna de ellas. A ti sí te amaban. Julio era el hombre ideal y por eso debías esforzarte sólo un poco más para quedar bien con él en vez de equivocarte y provocar su ira.

Aprendiste a prescindir de tus mejores amigas. Recluirte en tu casa para evitar que ellas te consideraran una esposa torpe fue tu alternativa porque siempre aparecías con un golpe nuevo. Que si te tropezaste o no viste la grada porque estaba oscuro. Te aburriste de actuar.

Durante cinco años participaste en una obra de teatro cotidiana, usando el disfraz del maquillaje y las mentiras blancas. Extrañabas las fiestas y los paseos al puerto con tus amigas, pero preferías estar ausente porque el carácter de Julio empeoraba al probar la primera gota de alcohol.

Si sigues maquillándote, parecerás una linda payasita. Guardas todos tus implementos y suspiras para luego bajar del automóvil. Un abrazo te da la bienvenida al cementerio. Es tu hermana la que se acerca para darte el pésame y consolarte. Recibes su muestra de cariño, a la vez que observas las flores multicolores, que tratan sin éxito de alegrar un poco el ambiente en el que predomina el negro humedecido por lágrimas.

También lloras. Pero lo haces porque ella oprime demasiado fuerte tu espalda, en donde queda la última prueba del amor que Julio juró hace dos días, mientras se entregaba a celos paranoicos y azotaba tu cuerpo. Esa fue la última vez que lo viste, antes de que se largara a comprar más ron. Justo cuando se estaba subiendo al carro fue víctima de un secuestro rápido. Le robaron todo el efectivo que llevaba consigo, su carro y un celular. Cuando ya no les servia para nada más, lo dejaron abandonado en una cunetal

No te causó sorpresa alguna el comprobar que no habia llegado a dormir. Hasta te alegraste de poder quedarte un rato más en la cama sin tener que preparle el desayuno y planchar su ropa.

Enciendo el monitor de la computadora con el único objetivo de iniciar mi sesión en el Messenger, subir al facebook las fotos que tomé hoy durante el almuerzo en la oficina y revisar mi correo. En realidad lo que quiero es verificar si apareces entre la lista de contactos conectados pero tengo que tener una excusa para cuando me preguntes qué estoy haciendo mientras chateamos. Es mejor si ese pretexto puede ser comprobado, por lo que publicar mis fotos en el perfil no causará duda alguna. Es más, si tengo suerte hasta las comentarás.

La señal de Internet está lenta hoy y ya llevo un par de minutos esperando a que el programa termine de iniciarse. Reviso la lista. Hay trece contactos pero no estas tú. No me queda más que esperar y entretenerme platicando con mi mejor amiga, quien sí está conectada. Cada diez minutos minimizo las ventanas que tengo abiertas para luego maximizar la del MSN. Nada. Las ansias aumentan pero hay que aprender a canalizarlas por medio de la revisión periódica de las fotos subidas por mis amigos y algunos comentarios sobre las mismas. También me entretengo etiquetándolas cuando detecto que alguien no ha sido identificado en esta galería cotidiana.

Mi hermano irrumpe en mi cuarto para enseñarme cómo salieron las pics que se acaba de tomar en el patio de la casa para subirlas y ponerlas como foto de perfil en Myspace. A veces es molesto y me desespera pero debo admitir que la pic 47 está bastante original.

Escucho un sonido ajeno a mi playlist cuya función es avisarme cada vez que uno de mis contactos se conecta. Ahí estas. Tu ventanita de sesión iniciada se asoma por la esquina derecha, en la parte inferior de la pantalla. Mi corazón se para por unos instantes y hasta me parece ver a unas mariposas virtuales revoloteando cerca del escritorio.

Tengo dos opciones, cambiar mi estado o cerrar la sesión para que luego cuando la vuelva a iniciar, aparezca mi ventanita en la esquina derecha de la parte inferior de tu monitor.

Opto por renovar mi conexión para llamar tu atención pero actuaré con indiferencia. El ardid funciona y en menos de cinco minutos observo cómo se abre paso entre la barra de tareas una pequeño rectángulo de color naranja, que viene acompañado por un hola y la alarma de conversación iniciada. Así empezamos a chatear y yo te cuento sobre el día en la oficina, el cual podrás verlo en mi perfil cuando termine de subir las fotos que tomé hoy a la hora de almuerzo.


No es la primera vez que te encuentras en esta situación y aunque estas harta, debes aguantarte y completar el trabajo, para alcanzar la cuota diaria y luego irte a tu casa. Por tu cuerpo han pasado hombres de todo tipo, sabores y tamaños. Unos más guapos y otros más grotescos. Ya no almacenas imágenes. Todos son iguales. La cita del día era en un bar olvidado, al fondo de un callejón poco transitado.
Algunos lo prefieren así.
Observas cómo ingresa tu próximo amo y señor. Su cuerpo rebosa de grasa. Tanta que hasta crees ver cómo tiembla su estómago conforme se acerca hacia ti. Es similar a una gelatina fresca, pero en este caso deberás simular interés por ese vientre gelatinoso. El sudor del día laboral se mezcla con su olor natural a macho. Sin intercambiar palabra alguna se dirigen hacia el baño del bar. Tu oficina.
La iluminación es tenue y lo agradeces porque el desempeñarte sobre orina y al lado de dos toallas sanitarias no es algo que te guste hacer todos los días.
Una playera negra con el logo de ACDC aprisiona su pecho abultado y con estrías. Pero ni modo. Has aprendido muy bien a disimular interés y despojarte de tu vestido para mostrarle tu sexo. Preferirías prescindir del olfato, pero no puedes evitar sentir esa fetidez en la que las moscas son tan felices.
Sin embargo, a él parece gustarle y por ende, excitarle. Le gusta tener el control. Luego de recorrerte con su lengua te pide que hagas lo mismo. Se desabrocha el pantalón para liberar esa verga erecta que deberás complacer.
Arriba y abajo. Cada vez más rápido. Te toma con fuerza del cabello para indicarte el ritmo exacto. Tras varios minutos, se detiene para llevar tu rostro más abajo. Hasta el suelo. Debes lamerlo y saborear ese líquido amarillo que brilla al lado del inodoro. Lo haces rápidamente para luego regresar al sexo oral. Esos sabores se mezclan con las primeras gotas que su pene comienza a expulsar. Salado y amargo. Te repugna sentir cómo se desliza entre tus labios, mientras con tu lengua recorres su miembro para acelerar la eyaculación y pasar al siguiente cliente.
Tu lengua está adiestrada y es capaz de volver loco a cualquiera. Lo logras. Evitas saborear tu victoria al escupir lo más rápido posible el semen. Y es que no soportas guardarlo tanto tiempo en tu boca y mucho menos el tragarlo; que ese líquido viscoso recorra tu garganta y se funda con tu saliva.
Esperas a que termine de vestirse y extiendes tu mano para recibir unos cuántos dólares, los cuales agradeces con un beso en su mejilla.

Toda suerte de reflexiones, recriminaciones, justificaciones, culpabilidades, interrogaciones y demás, se repitieron constantemente en los días siguientes, provocando una crisis que degeneraría en una esquizofrenia sin diagnosticar. Y es que la montaña rusa emocional era tan repentina, que justo cuando crecía la esperanza de amanecer mejor y dejar de amarla, aparecía su recuerdo y lo próximo era postrarte en el sofá, ahogarte en lágrimas de alcohol y jurar venganza.
Al día siguiente destruías todos los planes y reconstruías unos con cimientos de ilusión, soñando con un reencuentro casual pero planeado. Es el destino, le dirías. No hay duda, alguien allá arriba nos quiere juntos. Por eso, reemprendías tu búsqueda y frecuentabas los mismos bares, las reuniones de exalumnos del colegio o leías minuciosamente cada noticia, buscando cualquier indicio que te llevara hacia ella. El último recurso lo conformaron las esquelas, los chats cibernéticos y por supuesto, Myspace, Hi5 y Facebook.
El primero en ser agotado fue la llamada telefónica. Tanto en la cárcel como en cualquier emergencia y en esta situación, sólo tienes una llamada y tú la agotaste a los pocos días.
¿Por qué sólo una? Pues porque si no, entonces sería obvio que ese interlocutor silente eres tú y que solo llamas para ilusionarte con el sonido que da el tono del teléfono público. Pero no te atreves a hablarle para no reventar la burbuja y sentir el rechazo en su mayor expresión. Recuerda, posees sólo y únicamente una llamada. De lo contrario, cruzarías el borde que te separa de los acechadores que llevan una orden de restricción atravesada en el pecho.

Pero los días difíciles llegaron después, cuando perdieron una vida más. Como si fuera una ironía de la vida, la ley del karma o simplemente un evento desafortunado, Laura perdió al bebé que vendría al mundo para iniciar una familia.
En esta oportunidad, la creatura era esperada con pompa y júbilo por tus padres y suegros. La comunidad virtual en hi5 y Facebook estaba al tanto del desarrollo del feto y comentaba alegremente sobre las fotos de los primeros ultrasonidos. Además, Laura visitaba periódicamente a su abuela materna para adiestrarse en el arte del tejido y bordado para poder preparar diminutas ropitas que cobijarían al recién nacido.
Sin embargo, la burbuja se reventó una fría madrugada de noviembre, cuando el sudor recorrió cada poro de su espalda para avisarle que algo estaba mal en su cuerpo. Una llamada de auxilio se presentó en forma de presentimiento, pero su inconsciente no le prestó atención y prefirió soñar con columpios y resbaladeros, mientras en el centro de su cama, una vida se resbalaba de su organismo.
Si el ginecólogo que atendía a Laura hubiera indagado en la historia de su paciente, probablemente se habría podido prevenir el aborto espontáneo que ocurrió un primero de noviembre. La reincidente adicción a la cocaína, más una pizca de predisposición genética, fueron el detonante para que Ernestito viviera tan sólo cuatro meses.
El duelo causado por la pérdida afectó a Laura en cada aspecto de su vida. De forma repentina se distanció de ti, hasta el momento en que las conversaciones eran monólogos, pues a ninguno le importaba lo que le sucedía al otro.
Su impotencia creció de tal manera que cada mañana iniciaba su caída en un pozo sin fondo, en el cual la depresión únicamente era la fuerza de gravedad que empujaba a Laura.
Ella era como una tumba que caminaba, por lo que decidió movilizarse lo menos posible, pero todo empeoraba porque en ese caso, se veía a ella misma como una tumba estática.
En esta situación el único culpable eras tú, ya que según ella, la presionaste hace cuatro años para visitar esa clínica improvisada, la cual desapareció un par de meses después, como producto de un operativo sanitario.
Entonces, si todo se paga en esta vida, esto debía ser una especie de broma macabra o un puntapié del destino. Claro, las explicaciones médicas sobre cuánto afectó a su bebé que ella no pudiera dejar de lado su adicción narcótica, fueron rechazadas por su mecanismo de defensa personal.
Así, sin previo aviso, llegaste un día a tu casa para encontrar que ella había partido y salido de tu vida. Sobre la mesa del comedor brillaba el dorado de unas letras dirigidas a ti. Era una nota de despedida, en la que te expresaba todo su desprecio, pues con tan solo verte, crecía en ella un odio enorme hacia la relación y los últimos 5 años de su vida.
Pero tú también sufriste la pérdida de tu segundo hijo y, aunque llevaste la carga aparte para no agobiarla, siempre la habías amado. Acaso ella no sabía que es la mujer de tu vida.
Pequeño gran error. Fueron esos pequeños detalles; esas omisiones las que reflejaban tu abandono, pues tu único interés era utilizarla cada vez que hacían el amor.
Laura recurrió a la única alternativa que la haría insensible a ti. Activó el piloto automático, con el cual evitaría cualquier tipo de sufrimiento, permitiéndole ignorarte y por último, olvidarse de ti.
Al menos eso era lo que decía la misiva que luego arrugaste, queriendo abandonar toda tu ira en ese pedazo de papel reciclado.
Oh gran torrente de preguntas que se dispersó por toda la habitación. Qué pasó con las promesas. ¿Por qué no creyó tu amor?
Entonces, esto significa que nunca te amó. Cómo pudo haber fingido y funcionado de manera automática. Y los momentos en los que le dabas todo tu amor… Sus caricias en realidad eran frías y vacías. Carentes. Mecánicas. Todo en tu vida fue una burla; una mera imitación afectiva fabricada en china. Una relación pirata, de esas que se compran en la calle y que hasta se regatean pues, están sobrevaloradas. Simplemente eras una especie de consolador que ella utilizaba cuando la libido tocaba a la puerta.

Conforme avanzas hacia el apartamento, notas que tus pasos se tornan cada vez más y más pesados. Es como si tu cuerpo aumentara de peso o llevaras una gran carga sobre tus hombros. Observas el techo raído del pasillo principal pero solo distingues una nube gris sobre ti y luego sientes tres gotas que rebotan sobre tu nariz. Son las goteras que caen del techo, el cual no ha podido ser arreglado por el conserje.
El recuerdo de Sara se diluye a la vez que colocas el litro de cerveza sobre la mesa. El conjunto de envases ahora se compone por seis elementos y está a punto de unirse al de cigarrillos.
Este es el momento crucial para que tus vecinos inicien el plan de conquista mental, por lo que ni cortos ni perezosos irrumpen en el silencio para recapitular la jornada. Entre broma y broma comienzan a burlarse de tus sentimientos
Al principio intentabas esquivar las críticas lanzadas por el quinteto e incluso te atrincheraste en el sillón rojo, al centro de la sala, gozando de tu refugio etílico. Ahora has hondeado la bandera de la derrota, las barricadas mentales fueron destruidas, dejándote indefenso ante la autodestrucción.

Las estrellas citadinas iluminan los pasos de las personas que observas desde el balcón. Es un ventanal sencillo: Un marco de madera, dos plantas casi muertas, unas cuantas rocas que trajiste de alguna expedición a cualquier volcán y colillas de cigarros alrededor.
Cada persona parece ser FE-LIZ.
–Míralos. Todos tan perfectos— Te indica la tercera voz— No tienen problemas, rechazos, arrepentimientos…
Observas a las personas que caminan despreocupadamente por el bulevar frente al edificio, mientras meditas en las últimas palabras expresadas por la voz chillona de Larry. Arrepentimiento. ARREPENtimiento. ARREPENTIMIENTO. Dibujas el rostro de Laura en cada una de las mujeres que desfilan en la pasarela de tu cuadra.
Pietro, la primera voz que apareció en tu mente hace dos años, le roba el micrófono a Larry para torturarte y señalar los recuerdos más dolorosos. Laura, hablemos de ella. Con su voz grave y madura, se dispone a narrarte cómo fue que ella arruinó tu vida.
Te alejas del balcón para sentarte en el sofá y sorber lo último que queda en la sexta botella cerveza. La sala se compone por una mesa redonda, una librera y tres sillones de los cuales el rojo es tu favorito. El apartamento es pequeño. Una sala/comedor, un baño sin puerta, la cocina, tu habitación y un espejo de dos metros por uno de ancho que venía incluido en el contrato y que, probablemente fue abandonado por un inquilino previo.

Desde tu asiento pareciera que la habitación se agranda cada vez más. ¿O eres tú el que se hace más pequeño? Ya no perteneces a este lugar. Es evidente que sin ella a tu lado no puedes continuar dentro de la sistemática normalidad.
Añoras los años escolares en los que Laura fue tu cómplice de travesuras y a la vez el amor de tu vida. Ese destello tornasol que alegró tu vida, inundándote de sonrisas, cartas, berrinches, placeres y un frágil amor.
Todas las imágenes se agolpan una tras de otra para conformar el filme interactivo con tu memoria. Así, aparece ella cuando la viste por primera vez en una kermesse. Ya la habías visto antes entre todas las estudiantes, pero no habías notado su particular personalidad sino hasta ese sábado al medio día. Ella presumía ante sus amigas un vestido casual amarillo y lucía el cabello suelto, pero luego se lo recogería para espantar al calor dentro del gimnasio del colegio, mientras bailaba contigo y disimulaba su nerviosismo entre las vueltas y la música.
Pocas semanas después ambos se rindieron ante las hormonas y dieron paso a la relación más intensa que has tenido. Ella era, en ese momento, la mujer de tu vida, con quien te escapabas entre los pasillos de la biblioteca, compartías sueños y construías futuros utópicos.
Pero la realidad siempre golpea y se cuela entre las burbujas de ensoñación que rodean a los enamorados. Una noche de arrebato pasional los condujo hacia aquella clínica clandestina, donde, según fuentes fidedignas, todo salía más barato y sin peligros. Permaneciste en una improvisada sala de espera mientras ella estaba en la habitación contigua, armándose de valor para desprenderse de una vida no deseada. En una de tantas clases de biología, alguna maestra les había hablado a las alumnas sobre el peligro de este tipo de operaciones. Pero ni la ley del desapego, los mantras memorizados con devoción o tus palabras de amor, pudieron servirle de consuelo o como una vía de escape para estar ajena a lo que sucedería a continuación.
La respiración profunda fue su única anestesia durante los pocos minutos que duró el procedimiento quirúrgico.
Listo. El problema había sido removido de su cuerpo. ¡Si tan solo fuera así de fácil!
El siguiente punto en la agenda era caminar cinco pasos hacia una minúscula oficina, donde debías cancelar la segunda mitad de los 150 dólares que previamente habían sido cotizados.
Se alejaron de la clínica, jurando nunca más regresar y prosiguieron su vida como si aquello había sido una mera pesadilla o un deja vu, el cual se ignora cambiando de tema en la conversación, aunque su sombra siga presente.

Gud Morning, mai neim is Juan Cruz. Ay am yur niu inglish ticher». Un gran signo de interrogación se dibuja sobre la frente de cada uno de los estudiantes que observan al teacher Cruz en su primer día de clases. Probablemente no hayan comprendido a su docente o todavía estén adormitados por haberse levantado tan temprano para ir a escuchar gallina chicken _ lápiz pencil.
Entre el desconcierto que acompaña al aburrimiento, dos miradas se encuentran. Se hipnotizan la una a la otra, se descifran entre tantos cuerpos mallugados por el inglés mal pronunciado del profe Cruz.
Un timbre desgastado suena justo a las nueve y media para anunciar el receso de la jornada. Los dos jóvenes se reencuentran en el pasillo, perdidos cada uno en la mirada del otro y dando paso a la sonrisa que ilumina su rostro.
«Qué onda, me llamo Carlos. Tengo 19 años y vivo con mis padres. Soy temperamental, cariñoso y aunque a veces tenga actitudes posesivas… No es todo el tiempo. También puedo ser egocéntrico, pero creo que eso me hace ser mejor persona porque además me gusta escuchar a los demás. Aquí está mi tarjeta con el brief psicológico y mi número telefónico, si te parece espero tu llamada».
Ella recibe la tarjeta y a la vez le entrega la penúltima tarjeta de presentación suya:
Nombre completo: Karla Isabel Juárez Gonzales. 18 años. Vive sola. Personalidad optimista, enojada y quisquillosa, pero amigable. Celular 52436512… Posibles trastornos alimenticios en el futuro y codependiente emocional».
Karla baja la mirada y ve la tarjeta de Carlos con especial atención… Siempre hay que buscar las letritas pequeñas; esas que hay que leer con atención para estar preparada y saber de antemano, cómo es la persona.De esa manera, puedes tener un panorama y evitar decepciones.
Diablos, algo tenía que estar mal, la ilusión efimera se sonríe para luego despedirse. Justo en una esquinita, como escondidas entre los poros del papel, están las palabras:
«Inseguro y propenso a sufrir crisis existenciales que le impiden comunicarse. Tendencia a abusar del piloto automático en las relaciones amorosas».
Sin embargo, es de mala educación mentir y decirle que lo llamarás, cuando en realidad no será así. También sería muy incómodo verlo en las siguientes clases, sin haberlo llamado y huyendo de su mirada acosadora. Así que ella se despide cordialmente, con una sonrisa que ahora más parece sacada del inventario de poses y frases número 45, da la vuelta y decide inscribirse en otra sección de Inglés para principiantes.

Haciendo un recorrido por las carpetas de documentos olvidados y con bits empolvados, me encontré con varios textos que subiré poco a poco. Los hice hace mucho tiempo, pero no esta de más colgarlos en la web….

Oferta en el pasillo 8

Cada noche entretenía mi mente pensando en todo aquello que tengo que decirte. Poco a poco me dormía repasando argumentos y estructurando los diálogos.

Los días pasaron y luego las semanas formaron 2 meses.

Inesperado. En el momento y en el sitio que me faltó imaginar. Te coloqué en el cine, en alguna fiesta o en un restaurante. Pero el destino decidió ir contra mis planes y escogió otro lugar para nuestra cita, sin que uno de los dos albergara la más mínima sospecha.

Fui al super para comprar cajas con imitaciones de comida, la cual está lista para degustar luego de su paso por el microhondas, cualquier bisutería que me levantara el ánimo y otro montón de babosadas que siempre me sirven. Lejos estaba yo de imaginarme que al entrar al pasillo en el que se amontonan año tras año los mismos libros, te vería escogiendo una revista.

La cantidad de aire disminuyó considerablemente, mi corazón latía desesperado y el caos se produjo.

Todos los argumentos se agolparon uno tras otro mezclandose, hasta formar oraciones desordenadas, carentes de tan siquiera un mensaje para transmitir.

¨Que coincidencia. Decirte bueno te veo que para decirte. Hola…¨

La música y los gritos de un niño pidiendo el chocolate ¨x¨ lentamente fueron perdiendo su volúmen.

El caos crecía en mi mente.

¨¡Tanto qué decirte y tan poco tiempo para hacerlo! Quizá deberíamos juntarnos para comer. ¿Tú que piensas? Sí. En el restaurante chino. ¿A qué hora puedes llegar? Me parece, a las 4 p.m. nos vemos para platicar y así podremos aclarar algunos puntos pendientes de aquel día en que terminó nuestra relación…¨

También me percibiste. Tu espacio se redujo a ese pasillo y luego a los dos metros que nos separaban. Míis ojos clavados en los tuyos.

Aunque parecía una eternidad, la aguja más delgada del reloj sólo avanzó cinco segundos desde que te ví. Al abrir la boca para decirte lo que me carcome la conciencia desde hace dos meses, el desorden atolondrado de palabras no me dejó pronunciar algo más que un simple Hola.

Mí mente no procesó correctamente el exceso de pensamientos y obviamente se generó una falla en el sistema. Click en OK, no, no quiero mandar un informe técnico a Windows… Como si les importara.

Respondiste al saludo con una sonrisa. Vacios. Los argumentos carecían de sentido. A la sonrisa le siguió un suave adios. Era mí turno de sonreír.

Desvié la mirada hacia una oferta anunciada en el pasillo de enfrente. Mi cerebro instruyó a mis piernas para caminar y alejarme de ti, siguiendo un instinto consumista más.

De forma automática le pagué a la señorita que atendía la caja, conduje mi automóvil hasta el edificio donde se encuentra el apartameno donde pernocto, subí las gradas maldiciendo al conserje que no se ha dignado a reparar el elevador y al fin llegué al octavo nivel. Guardé todo lo que había comprado y encendí el televisor para ver alguna película.

Ahora estoy en mi cama. El filme tragicómico terminó hace una hora. Te imagino en el restaurante chino. Repaso mentalmente lo que quiero decirte. Bostezo. Duermo.

Un conjunto magno de ideas recorre mis neuronas como si se rehusara a salir
Aspiro el aroma de la nada y me doy cuenta que corro el peligro de convertirme en eso
En una nada que atolondra mis sentidos, que me detiene durante algunos segundos
Que deforma visiones y percepciones
Todos giran alrededor mío al ritmo del slow motion
Se aferran a un ideal, a un sueño caduco y hasta cierto punto, obsoleto
Un ideal estancado en el tiempo sin
actualizar las metas al contexto del Siglo 21
Varios gozan con un dejo de inocencia, de un cumpleaños inventado mas no reinventado,
hippies ofrecen pulseritas/insignias/gafetes contestatarios
Los poporopos están a dos por uno y la coca cola está bien fría, qué va a llevar seño?
La música se diluye entre la esperanza de tiempos mejores, tiempos de solidaridad, como dice el mensaje subliminal que busc a convencernos de que todo esta bien.
Mientras todos están aquí, soplando velitas artificiales, un piloto fue asesinado y los funcionarios siguen llenando sus bolsillos tras los bastidores de la política
Y yo?
Yo observo las palomas que sobrevuelan el parque central. Ajenas a la realidad.
Me pierdo entre los aros de fuego, aplaudo la marimba solitaria.
Sonrío.

Fotos: Lunakam

Bueno, como se podrán dar cuenta, mi mood está un poco bajo, eso se debe a que justo al inicio de esta semana finalizó una relación de poco más de tres años y pues bueno, he tenido un torbellino de sentimientos encontrados durante las últimas horas. Que si la alegría, que si sonrisas fingidas que si luego lo odias, que si luego todavía lo amas, que si ese chavo que acabas de ver esta guapo y ya no tenés a quien rendirle cuentas, que si no porque igual lo extrañas..

En esta montaña rusa, decidí tomarme unos días de retiro personal y acompañar a una amiga en un viaje, siempre dentro de las fronteras nacionales. Hubo dos cosas; me empiezo a distanciar de mi novio pero renace la amistad que llegó a estar bajo el tag de mejores amigas, hace dos años en la U. Es reconfortante reencontrarse con amistades que a lo mejor se empolvaron pero que siempre estarán ahi. Al final, lo que nos queda son la familia y los amigos, pues también me di cuenta que hay amistades que no sabía que estaban ahi para mí. Entre paréntesis, gracias Rocío =D.

Escribo este post como una manera de seguir avanzando y dejando todo atrás, embracing la incertidumbre, como decía alguna ley del yoga.

Así que, lista para lo que se venga y a seguir disfruntando la vida… Que para eso estoy aquí y yo era una jovencita muy feliz y despreocupada, que empezaba a descubrir su pasión por las letras. Por lo que estoy segura que estaré bien y que en el momento menos pensado… Seré feliz y este bajón disminuirá. A continuación les comparto algunos versos que escribí en ese viaje… No son tan bueno pero los trabajaré un poco más,

De clones y pilotos automáticos I

Qué fácil sería presionar el interruptor

automatizar los procesos mentales

deslizarme por esta realidad de manera indiferente e insensible.

A la vez el filo de la automatización crea un clon acorazado con espinas

Los clones son selectivos e inestables, pues activan el switch sin previo aviso

Se hace entonces necesario el leer con atención elmanual de uso antes de cualquier contacto automático.

Si una gota de lluvia equivale a cada segundo que debo esperar para que tu recuerdo no sea doloroso; entonces esta lluvia constante bastaría para olvidarte.

Abandonar cada recuerdo entre las pequeñas ondas que dejan las gotas en el lago

colgar tus caricias en las ramas y adornar con tus besos las faldas de cada volcán

Que las palabras se las lleve el viento y tus promesas de amor se ahoguen en la memoria

Una radio desvencijada complementa este soundtrack natural,

a la vez que mis últimas lágrims se meclan entre las olas, mientras los suspiros y sueños compartidos abordan la lancha hacia el olvido.

Quiero abandonarte y que mi piel no pida a gritos tu aliento

Un jardinero afila su machete… Quizás pueda usarlo para cortar los lazos que me unen a ti.

Saboreo la posibilidad de quedar en blanco y así borrarte para siempre.

O si no, activar el piloto automático. Ser insensible a ti.

Pero la automatización puede ser adictiva y odiaría ser un clon más, tal como lo eres tu.

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