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Poemas y relatos

Hace poco (o mucho, depende de cuándo leas este post), empecé a leer El arte de la poesía de Ezra Pound. Un libro directo y sin miramientos para hablar sobre ese fantasma tan abstracto que puede llegar a ser la poesía. 
En esta obra, Pound, reúne una serie de consejos y observaciones en torno al ejercicio de la escritura de poemas, en los que aborda breve pero substancialmente los conceptos de la imagen, el lenguaje y el ritmo; elementos que son fundamentales en la poesía.
En honor al libro y a su temática, seré concisa en este post. Durante mi lectura, marqué ciertas frases que poco a poco iré convirtiendo en mantra a la hora de crear. Así que, aquí te van:

  1. No emplees expresiones como «nebulosos territorios de paz». La imagen se oscurece. Se mezcla una abstracción con lo concreto. Este error se debe a que el escritor no se da cuenta de que el bjetivo natural es siempre el símbolo adecuado.
  2. Nada de adornos; en todo caso, buenos.
  3. La poesía es un arte y no un pasatiempo.
  4. Así la quiero: austera, directa, libre de babosa emoción.
  5. La función de la litratura… es precisamente el incitar a la humanidad a continuar viviendo ; el aliviar la mente de tensiones y el nutrirla.
  6. El lenguaje de la prosa tiene una carga de mucho menor intensidad, presentación abundante de hechos explícita y requiere mayor cantidad de lenguaje.
  7. La belleza en el arte le recuerda a uno qué es lo que vale la pena.
  8. El artista serio es un cietífico. Mientras más preciso sea su informe, más duradera será su obra de arte. 
Todo se resume en romper con los estereotipos que puedas tener sobre la escritura. Alejarte de aquellas catarsis de la adolescencia para observar las cosas y escribir sin pomposidad.
Mata a tu ego y siéntate a trabajar.
Pasaban de casa en casa mientras el mar reventaba sobre mi ventana.
No había duda alguna.
El cielo se quebraría en cualquier momento.
 
Los perros huérfanos rascaban la puerta para entrar.
Nos quedamos a oscuras.
Hasta las estrellas más lejanas se escondieron.
Nadie quería ver la última explosión.
De primero fue el grito y después quedó el silencio.
Temblaron los volcanes
perdimos las montañas
borraron nuestras nubes
ahogaron la memoria


Se llevaron nuestros valles y nos dejaron el olvido.




*Este poema fue leído como parte del Gesto Poético organizado por el colectivo Literatas que dan lata, para las Jornadas de Luis de Lión 2019. Nuestro gesto se realizó en Rayuela.

El futuro se nos atrasó

La mañana queda perdida en la carretera
Las nubes se escurren entre los dedos.
Cortan el volcán a su antojo impulsadas por el viento de septiembre.

Foto: Ilustración en Pinterest



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Una nada.
Granito atómico finito.
La idea antes de ser creada.

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Trazos de recuerdo incandescente.
Puntos negros devoran el cielo.
La agonía es naranja.
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Quiero creer que me esperas. Que en algún lugar de la ciudad, también ves por la ventana y esperas.



+



Los grillos también tienen esperanzas.


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Guárdame para mañana.


+


Fuimos eternos cuando pasaban siete minutos después de la medianoche.

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Fuimos un paréntesis. Nunca el punto y seguido.


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Se alquilan lamentos.


+

Inserta el descuido y yo coloco la duda.

+

El nosotros como una torre de Jenga esperando a ser derribada.

+

Gritar el silencio

Un hilo infinito enhebra el vacío
El cuarto vacío se desborda de tedio.
El cansancio late a tus pies.
Tiras lamentos
Nostalgia rodeada por hormigas
Las rosas estallan en el jardín

Somos olvido


+

Se acabaron los guiños de medianoche.
Ya no más bailes improvisados en la carretera.
Empujada al yo sin ti.

Buenos días a una sola voz.



La imagen es de una ventana cualquiera en Xela. El cielo es de agosto 2012, en mis vacaciones preferidas de toda la vida. Una de las ventanas más queridas.

Besémonos hasta que el sol no tenga más remedio
que disimular y entregarse al lunes.

Las horas están tibias aún 
Deshabitadas
El mundo no existe allá afuera
Esos aullidos son mi imaginación
Los murmullos son fantasmas
Todo se desintegra
La ciudad es polvo
Nada importa
Todo mi mundo está bajo estas sábanas. 

Mañana de domingo.
Un señor luce un traje sastre impecable. La
punta de sus zapatos refleja una nube arrastrada sin piedad por el cielo.
Son las nueve menos cuarto.
Está sentado en la banqueta. Nada parece perturbar este instante.
Sus manos sostienen la carpeta de cuero.
Lee con
atención unos papeles mientras el tiempo pasa frente a su
casa. 
Hay frío en esta parte de la ciudad. 

Día 4
Tres metros sobre el cielo
Tengo un poema olvidado para ti. Lo escribí en agosto cuando sobrevolaba la frontera entre México y Guatemala. Ahora me da miedo abrir esa libreta para transcribir las líneas que intentaban acercarme un poco más a ti. Sus hojas guardan un texto temeroso que vive en el limbo de los garabatos dibujados en el celaje.
Recuerdo que mientras intentaba concentrarme para escribirte el poema más lindo del mundo, el señor que viajaba sentado a mi lado espantaba los nervios del vuelo con pláticas inútiles sobre horarios fronterizos. Mencionaba algo sobre el ganado que cuidaba en Canadá y las largas horas de espera entre cada vuelo. A pesar de que le iba muy bien en ese trabajo también estaba considerando adoptar el oficio de Coyote.  No intenté disuadirlo. Interferir en sus planes de vida me pareció muy abusivo.  Quién era yo para recordarle las cifras de inmigrantes secuestrados, de las adolescentes violadas y de las demás atrocidades que se publican en los diarios. Al fin y al cabo, él también era un migrante de temporada que retornaba para estar con su familia y seguir luchando por llevar el pan a casa. Le ayudé a completar los datos del formulario de migración. Sospeché que quizá no podía escribir. Minutos después me obsequió un dólar. Lo extendió con seguridad y con un intento de sonrisa me dijo que era para la buena suerte.
Yo sólo podía pensar en lo que pasaría al momento de aterrizar. Habíamos dejado un paréntesis abierto en nuestra historia. Imaginaba que escribirte ese poema debería ser como jugar con Peter Pan en la nube con forma de oso que destrozaba el ala izquierda del avión. La búsqueda por las palabras adecuadas era algo así como armar un origami en el cielo. Delineaba cada doblez al compás de una cursilería que se escaba por la escotilla. Luego cerré mi libreta para contar las nubes de la misma forma en la que enumeraba los lunares de tu espalda antes de dormir. 
  • Este es un breve adelanto de un libro que contendrá relatos y poesía. El proyecto apenas está en construcción pero quise compartirles un poco de lo que me ha quitado el sueño durante las noches largas de noviembre. :0)

Mañana 10 de noviembre tendré el gusto de compartir el micrófono en Urbana, una lectura de poesía y micrófono abierto. Espero que puedan llegar para compartir en un paréntesis dedicado a lo único que puede mantenernos cuerdos al expresarnos. Si asisten podrán escuchar a poetas como Gabriela Aguilar, Anna Cosenza, Numa Dávila, Cristian Beltranena, Álvaro Montengro, Luis Pedro Villagrán y a esta bloguera Lunátika (Lucía León). La cita es en Café Urbano (10 calle 0-32 zona 14) a las 19 Horas. La entrada es libre 😉
Y si además tienen por ahí algunos textos que les gustaría compartir, pueden aprovechar para gritarlos al aire porque habrá micrófono abierto.

Los espero!

Si quieren ver más informacón del evento pueden visitar la página en Facebook: (Click aquí)

“Escribir
un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos
estamos heridos”. Alejandra Pizarnik


Aquí
vamos los incompletos.
Nuestros
pasos penden de un hilo.
Somos los
perennes equilibristas de la tragedia.
Esta es
la ruta por la que pasan los condenados.
Vamos
arrastrando el dolor a cuestas con la mirada perdida en el ocaso.
Nuestros
ojos persiguen a la desbandada de palomas que huyen del parque.
Somos ese
punto que nadie se atreve a borrar.
Los
malditos de odio y rencor.
Los que
nadie nombra cuando la foto está a punto de ser tomada.
La
ignorancia arrastrada en coloridos buses que se dirigen hacia una ola
aplastante.
La sal
del mar sólo reavivará la herida que nadie más puede ver.
Un vacío
helado que no desaparece.
Somos esa llaga que se refleja en el retrovisor.
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