Browsing Category
literatura

Entre serie y la novela: reencuentro con Gilead

No importa si viste la serie primero y después leíste El Cuento de La Criada, o si fue al revés. Lo cierto es que seguramente te enganchaste y quisiste saber qué pasó después. Y cuando terminas de leer Los Testamentos, sientes que cargas un spoiler entre manos. Con esta novela, Margaret Atwood quiso darle continuidad al mundo distópico de Gilead, aunque con un tono distinto al de la primera entrega.

Publicadas con 35 años de diferencia, Los Testamentos permite aproximarnos a Gilead desde una mirada renovada. Confieso que me gustó más el estilo intimista, pausado y hasta poético de El Cuento de la Criada. La secuela, en cambio, tiene un aire más policíaco, con pasajes de intriga y acción que  se asemejan más a la serie que catapultó a la fama a June Osborne.

Una de las premisas fundamentales en ambas obras es que todas las mujeres en Gilead están cautivas. En las siguientes líneas, propongo aproximarme a esos cautiverios desde el pensamiento de Marcela Lagarde, para ver cómo la distopía reproduce dispositivos reales de opresión.

Los cautiverios de Gilead: lectura desde Marcela Lagarde

En Los cautiverios de las mujeres, Marcela Lagarde, explica que el cautiverio “define políticamente a las mujeres, se concreta en la relación específica de las mujeres con el poder, y se caracteriza por la privación de la libertad, por la opresión (…) Las mujeres están cautivas porque han sido privadas de autonomía vital, de independencia para vivir, del gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de escoger y de la capacidad de decidir sobre los hechos fundamentales de sus vidas y del mundo”.

En Gilead este cautiverio se materializa. Las esposas y criadas encarnan el arquetipo de las madresposas, las Tías funcionan como monjas-guardián, las prostitutas aparecen como destino para mujeres rebeldes (el club Jezabel), y la locura o el aislamiento señalan caminos de sanción social.

Atwood retrata la opresión y la convierte en un mundo narrativo, sobre el cual se construye Gilead y en donde las mujeres sostienen, desde el miedo o la complicidad, los cimientos de su propia prisión.

Lydia: de opresora a estratega

tía lydia en Gilead, personaje de Los Testamentos

(Photo by:Jill Greenberg/Hulu)

Las Tías fueron pilar del sistema opresivo: mujeres utilizadas para perpetuar el sistema de Gilead en nombre del orden. Aquí se encarna lo que Lagarde llama “la opresión de las mujeres desde las mujeres”. En El cuento de la criada, Lydia aparece como jefa suprema de las Criadas; en Los Testamentos, se nos revela parte de su pasado y, con ello, vemos que ella también está atrapada en Gilead.

Lydia empieza a rebelarse contra su propio cautiverio y a partir de ese momento, la novela se torna más policíaca que su antecesora. No voy a rebelar exactamente cómo es que se genera la revuelta, pero su transformación es esencial.

La Tía Lydia pasó de ser una opresora a defender, desde su propia visión, los derechos humanos de las mujeres. Ella misma conspiraba por debajo de la mesa para castigar a los hombres que se propasaban con algunas chicas y luego es capaz de urdir un plan maestro que… no puedo esperar a verlo plasmado en la serie anunciada este año para comprobar cómo termina todo.

De los cautiverios a la insurrección narrativa

Nos queda claro que Gilead es una ciudad de mujeres en cautiverio, pero en donde también hay fisuras. La historia de la Tía Lydia representa uno de los giros más interesantes de Los Testamentos: una mujer que aparenta ser el máximo instrumento del sistema, para luego conspirar desde dentro.

Tía Lydia en Gilead

En cuanto al estilo de Atwood, vemos también un cambio desde El cuento de la Criada a Los Testamentos. Tenemos pasajes llenos de acción e intriga que se asemejan más a las series de este tiempo. Quizá en un intento por adaptarse a los signos de la modernidad y entregarnos una obra que pudiera ser más digerible o adaptable a la pantalla chica.

Si tuviera que escoger, me quedo con este pasaje que refleja cómo reclutaron a las primeras tías de Gilead: «También ella ha estado aislada en la oscuridad, pensé. La han puesto a prueba en el estadio. Ella, también, ha mirado en su interior y ha visto el vacío».

¿Cómo se regresa de ese vacío? Una opción es rendirse. Otra, empezar a ver que el sistema miente. En El cuento de la criada asistimos al origen del sistema; en Los testamentos encontramos las fisuras que lo erosionan. La narrativa de esta secuela incorpora fragmentos de intriga más que de contemplación. Pero lo que rescato con más fuerza es la evolución de Lydia: de carcelera del patriarcado a estratega de su caída.

Entre las grietas de Gilead

Si algo nos deja esta lectura, es que, como bien dice Lydia, «quien sabe esperar recibirá su recompensa. No hay malvado que cien años dure», ni víctimas que lo soporten. Mientras en El cuento de la criada, podemos ver cómo se estableció el sistema, en Los testamentos podemos apreciar el germen para que un imperio caiga. En Gilead, como en nuestra realidad, los cautiverios se mantienen siempre y cuando los creemos inevitables. 

Gracias por llegar al final. ¿Ya leíste Los testamentos? ¿Qué te pareció el final de El cuento de la criada? ¿Imaginas cómo podría ser la adaptación futura? Te leo en los comentarios.

Libro Los Testamentos de Margaret Atwood sostenido por una manoBibliografía recomendada

  • Atwood, Margaret. El cuento de la criada. Salamandra, 1985.

  • Atwood, Margaret. Los testamentos. Salamandra, 2019.

  • Lagarde y de los Ríos, Marcela. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. UNAM, 1990. PDF

  • Lagarde y de los Ríos, Marcela. Claves feministas para liderazgos entrañables. Horas y Horas, 2012.

Hace poco (o mucho, depende de cuándo leas este post), empecé a leer El arte de la poesía de Ezra Pound. Un libro directo y sin miramientos para hablar sobre ese fantasma tan abstracto que puede llegar a ser la poesía. 
En esta obra, Pound, reúne una serie de consejos y observaciones en torno al ejercicio de la escritura de poemas, en los que aborda breve pero substancialmente los conceptos de la imagen, el lenguaje y el ritmo; elementos que son fundamentales en la poesía.
En honor al libro y a su temática, seré concisa en este post. Durante mi lectura, marqué ciertas frases que poco a poco iré convirtiendo en mantra a la hora de crear. Así que, aquí te van:

  1. No emplees expresiones como «nebulosos territorios de paz». La imagen se oscurece. Se mezcla una abstracción con lo concreto. Este error se debe a que el escritor no se da cuenta de que el bjetivo natural es siempre el símbolo adecuado.
  2. Nada de adornos; en todo caso, buenos.
  3. La poesía es un arte y no un pasatiempo.
  4. Así la quiero: austera, directa, libre de babosa emoción.
  5. La función de la litratura… es precisamente el incitar a la humanidad a continuar viviendo ; el aliviar la mente de tensiones y el nutrirla.
  6. El lenguaje de la prosa tiene una carga de mucho menor intensidad, presentación abundante de hechos explícita y requiere mayor cantidad de lenguaje.
  7. La belleza en el arte le recuerda a uno qué es lo que vale la pena.
  8. El artista serio es un cietífico. Mientras más preciso sea su informe, más duradera será su obra de arte. 
Todo se resume en romper con los estereotipos que puedas tener sobre la escritura. Alejarte de aquellas catarsis de la adolescencia para observar las cosas y escribir sin pomposidad.
Mata a tu ego y siéntate a trabajar.



Ya sea que decidas alejarte de la ciudad, refugiarte en una cabaña con vista al lago, optes por caminar por las calles de la Antigua Guatemala o te quedes en casa, estos títulos nunca estarán de más para los lectores empedernidos.



Resultado de imagen para Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes
Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo
Los cuentos de hadas son cuestionados por la vida real. ¿Qué hay detrás de las historias de Elizabeth I, Coco Chanel, Marie Curie, Frida Kahlo, Serena Williams y otras mujeres extraordinarias? Todas narran la aventura de su vida para demostrar que los cuentos también pueden ser protagonizados por mujeres que se atrevieron a transformar el mundo.
Resultado de imagen para La tienda de los suicidas



La tienda de los suicidas, de Jean Teulé

En una ciudad apocalíptica donde las esperanzas son en vano, nace un niño alegre que desencaja en su familia. Con esta lectura, entrarás a la tienda y a la vida de una familia dedicada a la venta de productos que cualquier suicida debe tener a mano para cuando llegue el momento final. Las sogas para ahorcarse, venenos, armas y conjuros, son el pan de cada día. La normalidad entra en jaque cuando el bebé pone en riesgo el negocio.
La lectura de este cuento es amena y salpicada de humor negro. Aconsejable para leerla frente a la piscina pero con un buen salvavidas a la mano. No vaya a ser.


Resultado de imagen para en el camino kerouac
En el camino, de Jack Kerouac
Con esta novela no hay pierde. Puedes leerla durante el roadtrip del fin de semana o mientras disfrutas de un café en casa. De cualquier manera, la carretera se abrirá frente a ti para llevarte a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados. Los viajes extravagantes de uno de los primeros hipsters literarios, Dean Moriarty y del narrador Sal Paradise, te llevarán por Nueva York, Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco y Chicago.
Desde la enorme tristeza de una camisa, hasta sentir el aire que se puede besar, Kerouac narra con frases cortas y directas. Los escenarios cambian de manera abrupta porque los personajes huyen de la angustia. Se refugian en las fiestas, engullen carreteras, beben sin parar y conocen a memorables compañeros de viaje. El destino no importa, lo importante es el recorrido por la carretera.


También esto pasará, de Milena Busquets


Las palabras son poderosas y cuando mamá nos dice una frase, esta puede convertirse en un mantra que nos ayuda a pasar el día a día. Esto le sucede a Blanca, quien ahora debe enfrentarse a la muerte de su madre. Frente al duelo, el desgarro y la ausencia, se extiende el verano en la ciudad de Cadaqués.
Los paisajes mediterráneos acompañan una narración en la que destacan frases como: «La ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo.» A través de la historia de Blanca y la enfermedad y muerte de su madre, a través de las relaciones con sus amantes y sus amigas, tenemos la oportunidad de asistir a una narración intimista y sin rodeos. Temas universales como el dolor, el amor, el miedo, el deseo y la tristeza, se alternan frente al mar de Cadaqués.


Resultado de imagen para Ensayo sobre la lucidez
Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago
La prosa tiene un ritmo que te atrapa desde la primera línea. Los diálogos están empapados de humor negro y resonarán en tu mente aún después de haber bajado el libro para beber otro sorbo de cerveza. Terminé de leer esta novela hace unas horas y no miento cuando digo que Saramago logra atraparte en una ciudad en la que la disidencia marca la pauta de toda la historia.
Por momentos, sentirás que estás viendo una película de intriga o que esta novela bien podría inspirar una nueva serie que compita con House of cards. En época de elecciones resulta que más de la mitad de la población optó por votar en blanco. Esto desata una crisis en la que los políticos confabulan para averiguar quién podría estar detrás de lo que ellos consideran como un movimiento desestabilizador sin precedentes. Si ya leyeron el Ensayo sobre la ceguera, no pueden dejar de leer esta otra novela.
¡Que el sol incendiado del fin de semana acompañe tus lecturas!

«El sol, su calor. ¿Acaso eres humano?» — Esto es lo que piensa Septimus antes de lanzarse al vacío, en la novela Señora Dalloway de Virginia Woolf. Todavía sigo pensando en la carrera de su esposa Rezia para detenerlo, todo pasó tan rápido y cuando reaccioné, ya era muy tarde. No pude hacer nada más que bajar el libro y observar a los carros que pasaban por la avenida. Quizá si alejaba el libro por un momento, podría retrasar lo inevitable. El viento soplaba suavemente a la hora de almuerzo.
Todos en la cafetería conversaban sin mostrar mayor preocupación en sus rostros. Así son las tragedias, nadie más que los implicados son quienes las lloran. Me costó reponerme y regresar a la oficina. Por la tarde, el sol se escondió como siempre, le tomé la foto y maneje el carro pensando en Rezia y Septimus. Los minutos previos parecían tan perfectos. Ella cosía un sombrero para vendérselo a una señora y él hacía bromas al respecto. De esas bromas tan íntimas que solo los esposos pueden comprender. Ella fue feliz de nuevo pero todo cambió de forma drástica en pocos segundos.(Colección de soledades)

Pd. No he terminado la lectura, por favor no me la cuenten.

El futuro se nos atrasó

La mañana queda perdida en la carretera
Las nubes se escurren entre los dedos.
Cortan el volcán a su antojo impulsadas por el viento de septiembre.

Foto: Ilustración en Pinterest

Hace algunas semanas conversaba con mis padres sobre nuestra mascota y aquella ocasión en la que viajó con nosotros a Tamahú para visitar a la abuelita. Ellos no recordaban el año en que había sido ese viaje y, sinceramente, yo tampoco. Fue entonces cuando recordé que apunté ese dato en un viejo cuaderno, donde además anotaba todo lo que me pasaba. Dejé un momento el comedor para ir a consultar a mi cuarto uno de esos cuadernos y reencontrarme con un relato escrito en 1998. Fue así como destapé una caja de pandora que me llevó hacia el pasado.

Horas después, no pude evitar regresar hacia esa caja de cartón decorada con recortes de revistas para seguir leyendo los apuntes de una niña que soñaba mucho y se aburría bastante. Quiero dejar claro que antes de leer el diario, recordaba momento de mi infancia como alegres y entretenidos. Pero a lo mejor es la nostalgia la que le da ese toque. Creo que el primer diario que escribí lo empecé cuando estaba en tercero o segundo primaria. Eran páginas de colores en las que relataba lo que había jugado ese día en el colegio, las peleas con mis amigas o las batallas de mis hermanos en casa. Mi letra era demasiado grande y algo torpe.

Avancé hacia los siguientes cuadernos. Eran los de una niña a punto de entrar en la adolescencia y que empezaba a dibujar corazones con el nombre del niño que le gustaba. Casi puedo verla en su cuarto, en un suburbio de Villa Nueva, viendo televisión o demasiado aburrida porque en la colonia no había niñas de su edad. Escribiendo que no había pasado nada emocionante ese día o que había ido a ver Armageddon al cine con su papá y que la nueva refrigeradora había sido entregada. También fue el primer diario de oraciones. Eran sencillas pero sinceras. Demasiado inocentes y tiernas.

Pasaron los años y la adolescencia llegó con todo su apogeo. Los Backstreet Boys ya no eran el grupo favorito, pues quería ser diferente y escuchar algo más fuerte. La aguja apuntó hacia el rock nacional y bandas extranjeras como koRn, Tool, A Perfect Circle, Godsmack, Slipknot, entre muchas otras. Su vestuario empezó a ser más hippie y soñaba con una guitarra. No la dejaban ir a conciertos pero soñaba con que llegara el día en que pudiera hacerlo, tocar guitarra y subir al escenario con su propia banda y lucir un look hippie. Antes de los quince años, se la pasaba muy aburrida en su casa y pensaba que sus papás no la entendían. Ella ignoraba que sus papás sí la habían escuchado. Le regalaron algunos discos de sus nuevos cantantes favoritos (Viento en Contra, Enrique Bunbury, Malacates, etc). Para su cumpleaños 14 decidieron regalarle una guitarra y las aventuras de adolescencia en la colonia empezaron a ser más variadas cada día.

La lograron engañar, pues mamá sostenía que los gastos habían sido demasiado altos y que no era posible dársela. Lucía seguramente corrió a encerrarse de nuevo para escribir cuánto añoraba tocar guitarra, pero que cómo podría ser posible alcanzar esa meta si no le daban el instrumento. Llegó la fecha de su cumpleaños y ella vio una caja demasiado grande esperándola en la puerta. La abrió con mucha ilusión pero se encontró con una broma: Era una guitarra de juguete muy pequeña, de esas que se compran como recuerdo de Antigua Guatemala. Sus jóvenes padres tenían un gran sentido del humor y el verdadero regalo estaba escondido en el trabajo de mamá. La verdadera guitarra fue entregada en la medianoche de Navidad.
Ahora Lucía escribía lo emocionada que estaba con la guitarra. Su meta era tocar todas las canciones de rock nacional que pudiera aprenderse y, algún día, tener una banda. Dos años después lo logró. Participó en el Juventud de 2003 y 2004, representando a su colegio junto a la banda que armó con unas amigas. Y así siguió la historia.

Terminé de leer los diarios muy emocionada. Había una Lucía de la que no me recordaba. Que además de querer tocar guitarra, también se preguntaba que pasaría con su vida. ¿Se enamoraría alguna vez? ¿Sería feliz? ¿Tendría un carro? ¿Vería en vivo a sus bandas favoritas?  Hay muchas respuestas que sí puedo darle pero hay otras que todavía ignoro. Me di cuenta que quizá la traicioné un poco. Quizá crecí. Me dieron ganas de abrazarla, sonreír con ella y decirle que tenga más paciencia. Que todo estará bien. Con varios sobresaltos y sorpresas, pero también con muchas alegrías, amor y colores infinitos.

Escribí este post para poner aterrizar algunas ideas. No sé si alguien leerá esto pero quiero concluir con que es bueno ver hacia atrás y redescubrir nuestros sueños. Las negaciones y e incluso los miedos que nos acosan. Reconocí rasgos de mi personalidad que siempre han estado latentes e incluso me comprendí un poco más. Aprecié desde otra perspectiva todo lo que mis papás hicieron para hacerme sentir bien y educarme. Gracias a este reencuentro recordé que necesito tocar guitarra y que no está bien que la tenga empolvada en el rincón de mi cuarto. No quiero traicionar a Lucy de nuevo.

Acabo de retomar la escritura en un diario como parte de un ejercicio creativo. Quizá en otros diez años,
cuando lea los diarios de ahora, también vuelva a sorprenderme de la adulta joven que soy hoy. Les aconsejo escribir un diario y, si tienen hijos, animarlos a que lo hagan. Le leí algunos fragmentos a mis papás y hermanos y lo pasamos muy bien, pues desempolvamos travesuras y detalles de nuestra relación. Otra idea que apliqué hasta que cumplí 20 años, fue la de escribir cartas para mi misma, con un resumen de los puntos más importantes de cada año. Les dejo la espinita. 🙂

«Tantas cosas pasan bajo este cielo 
y el futuro es otro lugar que no conocemos» 
Pedro Chavajay


Los poemas de Sin Mañana son un encuentro al unísono entre el pasado, el presente y el futuro. La típica urbe es cambiada por el paisaje del lago de Atitlán, en donde el poeta Tz´utujil nos invita a hacer un viaje que no tiene retorno.




Conocí a Pedro Chavajay en la efervescencia de una lectura de poesía, en el marco del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango 2012. El bar estaba lleno y desde una pequeña sala se escuchaba la lectura, los comentarios de Javier Payeras y la música con poco volumen. Recuerdo que el poema que llamó mi atención fue uno en el que describía un nostálgico momento en las orillas del lago de Atitlán:


«Hemos llegado a este momento 
sin mañana triste
con otros cuerpos que nos han sido ajenos
dejaremos los mitos en estas tierras

tantas cosas pasan bajo este cielo 
y el futuro es otro lugar que no conocemos

nos desapareceremos en las perspectivas de las luces 
que cuelgan en las aldeas distantes 
como hombres suicidas
uniéndose a la mafia
escapándose
antes de que caigan 
los primeros rayos del alba
y consuman este paraíso construido»


Después del festival tuve la oportunidad de pasar unos días en San Pedro la Laguna, que es donde Pedro creció. Poco a poco leí sus poemas y hoy decidí escribir un post para materializar de alguna forma el comentario sobre el libro Sin Mañana, publicado por la editorial Vueltegato. 


Los poemas son un encuentro entre el pasado, el presente y el futuro. Todos transcurren a la vez en un lugar cargado de la energía de la naturaleza y los ancestros.  Los antepasados no se han ido del todo, siguen presentes; como figuras errantes en las montañas y las casas de las nuevas generaciones.


San Pedro bien pudiera ser cualquier población en el lago. Un poblado que reclama un espacio que siempre le ha pertenecido pero que se ha diluido con el paso del tiempo. Quizá parte de esta reafirmación sea que el libro está escrito en Tz´utujil y traducido al español. No sé si es el primer libro de poesía que se ha publicado así pero sí sé que es una brecha para arrancar con este tipo de publicaciones.


También es la búsqueda de las raíces. Comprender de dónde venimos para entonces, poder empezar a descifrar hacia dónde nos dirigimos. Quizá estemos condenados a perpetuar la historia o tenemos todo el poder para cambiarla. 


El marco de este viaje estático es un paisaje que, a su vez, también hace las veces de protagonista. Pero es un marco muy alejado del bullicio turístico. Es lo cotidiano; son esos detalles urbanos en una ciudad que observa en silencio las transformaciones del entorno. Un paisaje que recibe las plegarias de sus habitantes y lleva el registro del paso del tiempo. Es muy probable que aunque para el poeta ya no haya un mañana, el lago permanezca y que las montañas solo sean testigos del paso de una tormenta: «Quedan los objetos y sus rastros / rastros de gente poseída / con olores flotando / en el lugar recién abandonado».


Les dejo algunos versos del libro Sin Mañana Nta K´a Chuwaaq.


«Ayer existió un hombre
(que nunca murió)
construyó un montículo de huesos
en un eclipse fumaba
pintaba las montañas en rojo, en negro
combinaba lo verde, el azul y el amarillo
son los dioses que se reinventan con sus bailes». (P. 53)

«Recogeremos la inercia
que hemos usado
iremos detrás de cada paso
repetiremos esos pasos
equivocados
los sonidos, los relajos, los encuentros
las preguntas
esta tierra nos despedirá
burlándose de nosotros
porque sabe que la hemos arruinado


no podremos partir
sin el fuego que esta oculta
desenterraremos los cuerpos alojados en algún lugar». (P. 57)


«Algunos árboles cantan
algunos árboles ríen
algunos árboles caen 
se desesperan porque no pueden atrapar el cielo
se resignan a no moverse
de orilla a orilla
algunos árboles se deshacen
sin saber
que las tempestades
son las únicas cosas
que nos unen
con otros lugares». (P.67)

Las horas están tibias aún 
Deshabitadas
El mundo no existe allá afuera
Esos aullidos son mi imaginación
Los murmullos son fantasmas
Todo se desintegra
La ciudad es polvo
Nada importa
Todo mi mundo está bajo estas sábanas. 

Mañana de domingo.
Un señor luce un traje sastre impecable. La
punta de sus zapatos refleja una nube arrastrada sin piedad por el cielo.
Son las nueve menos cuarto.
Está sentado en la banqueta. Nada parece perturbar este instante.
Sus manos sostienen la carpeta de cuero.
Lee con
atención unos papeles mientras el tiempo pasa frente a su
casa. 
Hay frío en esta parte de la ciudad. 

Sirva este post para homenajear el legado literario que me han dejado las novelas de Gabriel García Márquez que me recomendó mi mamá alguna vez.

El primer ejemplar de Cien Años de Soledad al que me acerqué estaba en la librera de mi casa. Tenía una pasta amarilla bastante pálida con una nena inexpresiva en la portada. No recuerdo cuántos años tenía pero sí tengo muy presente a mi mamá contándome que ese era su libro favorito. Siempre que lo leía, le encontraba nuevas facetas a la historia y eso era algo que yo no terminaba de comprender.
Un buen día empecé la lectura y… ya no paré. De repente mi casa ubicada en cualquier suburbio capitalino, se llenaba de plantas silvestres y desde lejos podía observar a José Arcadio Buendía mientras empezaba la dinastía que me llevaría hasta Macondo. Quizá tenía menos de quince años cuando me dejé llevar hacia esas historias tan mágicas y verosímiles a la vez.

Ese fue mi primer boleto hacia las novelas de Gabriel García Márquez. Observaba con sorpresa los trucos de los gitanos y pretendía haber conocido el hielo por primera vez, al igual que lo hizo el coronel Aureliano Buendía. Luego continuaba mi paseo junto a los almuerzos que se preparaban en la casa de los Buendía, donde llegaron a recibir a decenas de turistas en la época de mayor esplendor para Macondo. Sufrí las penas de amores de la pobre Remedios, cuyos novios murieron y nunca pudo ser feliz. Me instalé en una de las habitaciones, desde donde escuchaba al viejo José Arcadio mientras estudiaba hasta volverse loco. Fui cómplice de Rébeca, pues cuando era niña solía comerse puñados de tierra y no decía ni una sola palabra. Padecí junto a ellos un diluvio eterno y fue ahí donde aprendí el término escampar, que se define como dejar de llover. Los párrafos que describían las lluvias perennes se quedaron grabados en mi memoria y siempre que observo una tormenta, tengo la leve noción de estar viviendo un pedacito de la novela.

Mi mamá, como en muchas otras cosas de la vida, tenía razón. La novela no revela todos sus secretos al leerla la primera vez. A Cien Años de Soledad hay que descubrirla poco a poco y planear los viajes con anticipación. Quizá he leído el libro 4 ó 5 veces y nunca dejan de sorprenderme los relatos mágicos que García Márquez describe con tanta seguridad. Gracias a estas lecturas comprendía las referencias que algunos columnistas hacían entre nuestra Guatemala y Macondo. Macondo es cualquier lugar de latinoamérica y es una metáfora de la historia de cada país. La soledad es una espina que lastima a cada uno de los descendientes Buendía. Ya sea por la mala suerte en el amor, el egoísmo, las maldiciones familiares representadas en distintas tragedias y la centuria de una familia destinada desde el principio a la tragedia.

Después de Cien Años de Soledad me acerqué a El Amor en los tiempos del cólera. Novela más romántica y trágica. El realismo mágico seguía ahí pero ahora me emocionaba con un par de enamorados que debieron postergar su romance hasta la última etapa de su vida. Si vieron la película, les recomiendo que lean el libro también. La película protagonizada por Javier Bardem no retrata a cabalidad el submundo de esta novela. Lo único que me gustó fue la canción de Shakira que forma parte de la banda sonora.

¿Quién no ha leído Crónica de una muerte anunciada como parte del pénsum en el colegio? A mi me tocó leerla en mis años de diversificado. Me lo gocé pero me gustó más leer La Hojarasca. Este último es un libro que carece de diálogos y relata una historia a partir de los pensamientos de los personajes principales. A casi nadie de mis compañeras del salón les gustó La Hojarasca pero si han leído Pedro Páramo de Juan Rulfo y además, les gustó; entonces harán bien en leer La Hojarasca. Los Funerales de Mamá Grande me pareció un apéndice de Cien Años de Soledad, este también me lo recomendó mi mamá.

Todos los libros que he mencionado hasta el momento, a excepción de La Hojarasca, estaban esperándome en la librera de mi casa. Después de esas lecturas continúe con Noticia de un secuestro y aquí la tónica cambia radicalmente. Nos encontramos en la Bogotá  moderna para seguir paso a paso la historia real del secuestro de Maruja Pachón Villamizar, ocurrido en 1990, a manos del narcotraficante Pablo Escobar.

El último libro de García Márquez que pasó por mis manos fue Vivir para contarla, una hermosa autobiografía que me llevó al verdadero Macondo. El autor nació en Aracataca y esta ciudad fue la que lo inspiró para ambientar su novela más célebre. Pero además de conocer de cerca su pueblo natal, también es posible comprender las referencias literarias y a los personajes reales que incluye en Cien Años de Soledad y El amor en los tiempos del cólera. Esta lectura invita a conocer sus primeros pasos por el periodismo y navegar por las memorias del escritor.

Hace unos años mi mamá se compró una edición conmemorativa de los 40 años de Cien Años de Soledad y ese fue el ejemplar que llegó a las manos de mi hermano menor. Se lo devoró enseguida y también le quedó plantada la semilla de Macondo. En cualquier momento retomaré el libro para internarme por ese poblado. Creo que han pasado muchos años desde que leí la novela por última vez. ¿Quién sabe? A lo mejor podría encontrarme al patriarca José Aureliano atado un castaño mientras platica con el fantasma de su antiguo enemigo. A lo mejor tome un paseo con la llegada del tren para gozar la época del esplendor para los habitantes del pueblo. Quizá salga volando con los vientos huracanados que se llevan al último hijo de la dinastía. O puede ser que aparezca junto al coronel Aureliano Buendía para asistirlo frente al pelotón de fusilamiento, justo cuando comienza la novela:

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de 
recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces 
una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas 
que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos 
prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre…» 


Les dejo este link para conocer de cerca los !00 Años de soledad: (
http://www.emol.com/especiales/infografias/100soledad/index.htm )
Acompañen su lectura con la canción de Shakira.








Page 1 of 212