Hace algunas semanas conversaba con mis padres sobre nuestra mascota y aquella ocasión en la que viajó con nosotros a Tamahú para visitar a la abuelita. Ellos no recordaban el año en que había sido ese viaje y, sinceramente, yo tampoco. Fue entonces cuando recordé que apunté ese dato en un viejo cuaderno, donde además anotaba todo lo que me pasaba. Dejé un momento el comedor para ir a consultar a mi cuarto uno de esos cuadernos y reencontrarme con un relato escrito en 1998. Fue así como destapé una caja de pandora que me llevó hacia el pasado. Horas...