El automóvil nos dejó frente al portón de una casa que, desde afuera, se veía muy similar al resto de casas que puede haber en las áreas residenciales de Guatemala. Asemejaba una gran fortaleza, la cual debía ser franqueada por una fotógrafa y yo. Bromeábamos un poco para espantar los nervios que corroían los pasos. Estábamos a punto de entrevistar a una persona que, según alguien en la oficina, tenía muy mal humor. Se trataba de Manolo Gallardo, un prolífico pintor guatemalteco cuyo nombre figura en los anales de la historia del arte. Después de unos cuantos minutos de espera,...