Cada acción es un error en potencia esperando quince minutos de fama. Algunas equivocaciones son tan pequeñas que podrían ser clasificados como lapsus brutus y la vida sigue. Pero cómo definimos el tamaño de los errores; quién decide si el hecho es medianamente grave o inmensamente monstruoso. La sociedad posee estándares, los delitos son tipificados de acuerdo a leyes y la moral es la base para juzgar los demás hechos. Actuar sin pensar y luego asumir las consecuencias puede ser un acto de valentía. Cuando fui a ver Plastilina la semana pasada en el teatro Dick Smith, muchas ideas rondaron...