Una amiga de una amiga le contó a mi prima que tenía una cuata que pasaba el día entero mandando mensajitos por el celular. El saldo no era suyo. Otra compañera disponía de cierta cantidad en su plan y tristemente no tenía con quien gastarlos porque todas estaban en su clase y no necesitaba textearlas. Tampoco tenía novio o un su «ayavas»º para gastarse los mensajitos en esa persona. Al menos, eso parecía.Entonces, Jime vio la oportunidad de su vida para comunicarse con su novio Fausto. Acababan de empezar a salir juntos y platicaban sin parar.Así pasaron las semanas y...