25/febrero/2009 Hoy escribo desde un cubículo ajeno ubicado en la redacción del séptimo nivel de un edificio, en el Centro Histórico, en la capital de la ciudad de Guatemala. El desvelo de anoche me tiene un poco apagada. «Así es la vida del estudiante», diría mi mamá. Antes de llamar para pedir citas, entrevistar y redactar para terminar mis notas atrasadas (ups), quiero retomar una de tantas costumbres mías, de hace muchos años. Cuando tenía siete u ocho años empecé mi primer diario. Estaba lleno de dibujos, letras grandotas y relatos sobre peleas con mis mejores amigas a la hora...