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Poemas
Testigos de una Guatemala desencantada por resabios de la guerra interna
se vive alimentando la esperanza utópica del cumplimiento de los acuerdos de paz
paz acartonada


paz exiliada
imperio de mareros renegados de un paraíso prostituido por la corrupcion
Foto: Rodrigo Abd

Una risa jactanciosa se escucha en la oscuridad. Abres los ojos. Delante de ti hay dos creaturas blancas, altas y delgadas que bailan suavemente, doblándose de un lado hacia el otro. Sus esqueletudos brazos dibujan irreconocibles figuras en el aire. Son hermosas. Las creaturas. Es la pimera vez que ves algo así. Sientes atracción hacia ellas dos y las observas detenidamente.
La música adquiere cada vez más potencia. Alguien canta sobre la libertad mental. Es tu cd de Tool pero ya no le prestas atención. Únicamente puedes pensar en ellas y en cómo te acarician el rostro con sus alargadas manos. No hay pasado. La ira se fue de paseo con la triste soledad del recuerdo.
El futuro es inexistente; los planes que tenías para mañana se borraron de la agenda. En el presente solo existen ellas. Bailar. Amarlas. Tocarlas. Sentirlas. Te hipnotizaron e invadieron tu espacio. Alicia carece de importancia. Ella no te quiere como esas creaturas. Sin darte cuenta, danzas con los ángeles de la muerte.
Una mamá enciende la luz de tu habitación. Suspira. Apaga la grabadora y se dirige hacia tu cama para despertarte. Oh, sorpresa: ya estas despierto. En tu rostro ella observa una gran sonrisa. Te habla pero como no obtiene respuesta de tu parte, se marcha del cuarto alegando algo sobre la rebeldía. Pero ella no sabe que no le contestas porque todavía bailas con los ángeles en algún lugar mental sin boleto de regreso a la realidad.
Foto tomada de Flickr.com
Viscoso
movimientos impregnados por el soporífico espesor
una intensa luz ilumina cada sombra
Aroma degenera en hedor vomitivo
capas de suciedad cubren tu rostro
Barbies sin cabeza, Tonkas que no avanzan, alcohol y cocacola
Todos a tu lado en este hogar de asfalto
Pegamento para engañar a los gruñidos estomacales
«Dame una vara«
¿Para qué?… Transformarla en crack…
El sistema impide cualquier solución efectiva
Bañemoslo… Rapemoslo… fuera piojos…
Una delgada línea delimita la frontera entre la razón y una posible esquizofrenia
Complots, guerras, marcianos
Todos quieren hacerte daño
Excluído por el compas social
Unas cuantas fichas en la palangana representan el contacto con
esos autómatas de oficina
Víctima perenne de las circunstancias
Miseria enmarca tu cotidianidad.
Soledad
suspende el tiempo
al estar en pausa
observo mi entorno
siento ese desprecio por lo vanal
un posible complejo
yo-gigante
tu-hormiga
se torna cada vez
más evidente

Danzas estelares de pobreza son el marco de mi ruta hacia la oficina.
Una señora que reza para no morir en la miseria
niños que aprenden en la escuela del vandalismo
pegamenteros que acosan al peatón para arrebatarle un quetzal
el smog se cuela en mis pulmones como un elemento familiar en la respiración
vagabundos que caminan pensando en tiempos mejores
Posibles maleantes observan a la multitud
Residuos de una sociedad consumista son la decoración cotidiana
Al final del camino… Una burbuja
Durante 6 horas ignoraré a la Guate del exterior para concentrarme en
mi trabajo
¿Huída cobarde? Desde este bunker, rodeada de personas plásticas
le declaro la guerra al consumismo y a la ignorancia del entorno
Me niego a ponerme la máscara
No me dominarán… no seré parte del rebaño

Debe haber una solución

Fotografía

almadormida.blogspot.com

Cualquier acción es aceptada en la sociedad material

cuando la barrera que te mantiene al borde de la dignidad es

ELIMINADA,

La dignidad es un adorno que muy pronto pasará de moda.

Es inservible,
INNECESARIA

El hambre como factor fundamental en la pérdida de

la dignidad

El paliativo ataca constantemente al sujeto

Cuando se elimina la frontera

Todo es posible
Por las calles vagan pequeños personajes disfrazados contra la realidad.
La culpa no es de ellos sino del sistema.
Al bromear sobre lo cotidiano, la pobreza se vuelve una distante sombra.
Con dificultad construyeron un muro que oculta la carencia de lo esencial.
Detrás de la carita pintada y de las rimas existe una vida desconocida por el espectador.
El show terminó. Es el momento de pedir una colaboración.
Un suspiro. La camioneta se fue. Rápidamente cuenta las fichas recolectadas.
Espera.
Se acerca una camioneta roja.
Instintivamente seca la lágrima que se le escapó al pensar en su hija hospitalizada.
Un segundo suspiro.
Dentro de su mente rebota la frase que muchos artistas repiten hasta el cansancio:
¨El show debe continuar.¨
Sube las gradas, se para frente a su público y con la misma máscara hecha sonrisa saluda:
— Buenas tardes honorable público. Yo soy su payasito Mandarín.—-

Una rutina auto impuesta no le permite al recuerdo marcar su tarjeta de asistencia.
Voluntariamente he bloqueado algunos archivos del historial de mi memoria.
Resulta un tanto doloroso afrontar tu ausencia.
Son tantas las palabras que no fueron dichas. Algunas denotan mi cariño hacia ti y otras mi enojo.
Y es que cuando estoy consciente de que ya no estas siento un nudo en mi garganta.
Un nudo con sabor a melancolía y coraje.
Es entonces cuando el aguijón me encuentra desprevenida y aprovecha para desplegar la carpeta que lleva tu nombre.
Las lágrimas que llueven de mis ojos encierran la frustración por no poder oirte o recibir tus cartas. Si es que algún día me mandas una…
Has retrocedido en el tiempo.
La tecnología no tiene cabida en tu habitación. Los e-mails son un concepto olvidado.
Me parece que tengo dos alternativas.
La primera alternativa es esperar a que me dediques más de un párrafo en una carta ajena.
La segunda es esperar el poder verte físicamente el día que regreses y así dejar de sentir tu helada ausencia.
Duele. El extrañarte duele.

Lu-natika

Mi día ideal sería uno utópico.
En primer lugar, los ineptos no existen. Todo es perfecto cuando no hay ineptitud gubernamental, laboral y, en resumen, todos cumplen con sus deberes. El respeto es para todos.
No conocería qué es salir con miedo de mi casa. Entonces miedo sería un recha porque nadie saldría con él.
Ese día no tengo que ir a trabajar ni estudiar; me voy de viaje a Flores, Petén o a Italia. No voy sola, obviamente compartiría mi viaje con Pepe ya que casi no podemos pasar tiempo juntos por culpa del chance o de la U. Mi día ideal incluiría estabilidad social y un lado romántico de color celeste ya que no me gusta el rosado.
La parada está llena. Hay mucha gente esperando la misma camioneta que yo. ¿cómo lo sé? Porque no se han subido al otro montón de camionetas que han pasado por aquí. A lo lejos se ve que la camioneta cruza la esquina para luego enfilarse hacia la calzada Aguilar Batres. Suspiro. La carrera iniciará en cualquier segundo. Tres, dos, uno… a correr pues. Rebaso a las señoras gordas con canastas y logro colarme para subirme de primero. Logro conseguir un lugar en el sillón donde caben dos y también tres.
Llena. Casi no queda espacio para nadie. Ni modo. No tenes carro. Aguantate. La música ¨muca¨ se vuelve monótona durante el camino. El ayudante va colgando de la puerta gritando con todo su volumen el destino de la camioneta.
Ya no importa. Prefiero ignorar al niño berrinchudo que le jala el pelo a su mamá. Encuentro más entretenido recordarme de él.
Hoy fuimos a un restaurante de los que les gusta a mis amigas de promoción por eso vengo tan arreglada. Era tan exclusivo que cuando entras, te olvidas que vivis en Guatemala.
Casi no frecuento esos lugares pero es mi amiga y ni modo que no voy a ir a su almuerzo. Estuvo entretenido verlos a todos comiendo la pizza con un cuchillo y por supuesto el tenedor. Tenían un montón de cubiertos a cada lado del plato. Todo era caquero.
Para hacerlo de vez en cuando creo que está bien pero no soportaría comer la pizza ni mis chocolates con cubiertos.
Mañana. Mañana tengo que ir a la U. todo un catálogo de personalidades y de looks. De ahuevo. Ahí me siento libre. Nadie te dice cómo comer ni cómo pensar. Me gusta estar ahí.
¨San jose, San José¨ Debo bajar. La camioneta ha llegado a mi casa.
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